- El aprendizaje es trabajo
El que sigue es otro ABC de la educación, personal y puesto a manera de reflexiones y sugerencias para lo que de ello pueda servirle al educador. Es, por supuesto, fruto de muchos años de experiencias en el aula, de dirección de posgrados, investigaciones, escrituras, simposios, asesorías, conversatorios y más de un café con estudiantes y colegas. Este el número 1.
Decía Donald M. Kendall, exCEO icónico de Pepsi-cola, que el único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo es en el diccionario. Absolutamente cierto: en la vida los logros, los triunfos, se obtienen como consecuencia del trabajo, del esfuerzo, de la lucha. Se llega a la cima tras una ardua, planeada y resistente batalla con la adversidad, con los obstáculos, con las limitaciones. Las grandes conquistas siempre son el punto de llegada, no el de partida. Solo ver, oler y degustar el pan en la mesa nos dice que ese alimento ha requerido semillas, sol, buena tierra, agua, recolección de los mejores granos, mezcla de ingredientes, amasado, fermentación, desgasificado, cocción y venta, antes de llegar, limpio y simple, al hogar. Nada se da porque sí; cada ser, objeto, actividad o beneficio han sido arduamente amasados con paciencia. Llegamos a ser lo que somos tras reñidas correrías.
Pero parece que este principio fundamental de la existencia y del ser humano ha sido dejado de lado en buena parte de la educación y del aula. Ahora imperan las opiniones, las singularidades caprichosas, las emociones tiránicas, los derechos per se… Educar para el docente hoy es más cuestión de adaptación y resistencia que de orientación, límites y exigencia. El solo estar en el aula, el permanecer en ella, el tolerar la carreta del maestro/a justifican aprobar el curso. Así, el esfuerzo, el trabajo, la concentración, la memoria, la repetición, el cumplimiento, el ensayo y error, la conceptualización, el análisis o el contraste de fuentes, cada vez más se tornan en procesos extraños y ajenos al “aprendizaje”. La filomatía cede ante el me parece, ante el yo opino. Caer, levantarse y seguir no son el pan de cada día en las aulas, olvidando que allá afuera la realidad golpea fuerte. Sobreprotección y permisividad, categorías imperantes en la educación actual.
A la par del trato amable, del diálogo cordial y de las estrategias novedosas, en las instituciones educativas habría que volver a enseñar que, como en la vida y en las sociedades, los logros son derivación del trabajo denodado. Habría que subrayar e insistirle en cada momento a los jóvenes y nuevos profesionales que los proyectos son sueños indispensables pero que para que sean duraderos y fructíferos requieren de la fuerza y la persistencia. En la vida, el éxito viene después del trabajo. El pan diario en la mesa nos lo recuerda.