4. Lectura crítica-propositiva
Ilustración de James Fryer.
Es la inquietud que se oculta detrás del detrás, una mirada que indaga, un olfato atento. En fin, una disposición a sopesar, una sospecha respecto a lo dado. Hablo de la lectura crítica. De hecho, el lector crítico sabe que el bosque florece cuando, con la mayor consistencia y rigor posibles, se lo examina.
Crítica procede de krinein: separar y decidir. La capacidad crítica es aquella dedicada a distinguir y juzgar, a asignar una determinada valoración según un cuerpo de criterios desde donde se ejerce esa labor critica. La lectura crítica, así vista, concierne a un proceso intelectual dispendioso cuya finalidad será emitir un concepto sustentado sobre determinado asunto o discurso. A este nivel de lectura no se llega sin antes haber considerado, descrito y examinado las condiciones previas, la literalidad y los entramados que, para efectos de una pedagogía de la lectura como la aquí propuesta, implica las tres fases descritas anteriormente en este mismo blog.
Por lo anterior, la lectura crítica viene a ser la mayoría de edad del lector, sirviéndome del texto clásico de Kant, Qué es la ilustración. Una mayoría de edad que arroga un método del estudio detallado y la manifestación de un valor sólidamente argumentado. Crítica a la manera de asumir una postura clara y respaldada frente a lo leído. La opinión o el comentario no tienen cabida en esta fase, por lo cual llegar a este puerto exige haber recorrido previamente algunas escalas. La lectura, en general, y la lectura crítica, en particular, a la manera del poema Ítaca de Cavafis: un trayecto en el que sin apuro caminamos y aprendemos de lugares, perfumes, miradas y sabios y el que la meta -como debe ser- es el propio conocimiento y florescencia.
Ahora bien, luego de la lectura crítica sobrevendrá la cosecha. Si el sembradío fue menesteroso, si el cultivo ha sido cuidado, los frutos serán abundantes. Consecuencia del conocimiento meticuloso del texto y de un juicio ponderado, el lector/a podrá forjar un texto propio. Sus experiencias, ideas, concepción de mundo e intereses y búsquedas, enriquecidos con la obra, tendrán en este momento tinte y relieve personal. Asistiremos entonces al parto de una nueva obra.
Las estaciones de este viaje de la lectura crítica, propongo, sean al menos cuatro.
- Subrayar los propósitos y sesgos de lo leído. Dado que todo discurso, como lenguaje, es intencionado, obedece, pues, a intereses: siempre desea algo y algo propone. En lo humano la neutralidad plena es más una pretensión que un logro, una búsqueda que una conquista, por lo cual a la intencionalidad textual se la examina para develar sus luces y sombras. Qué pretende este discurso, qué inclinaciones morales, ideológicas, estéticas o históricas, entre otras, esgrime. De qué nos quiere persuadir, con qué argumentos o argucias lo hace, hacia donde va y qué impacto puede ello generar. Tal operación cognitiva de rastreo de las corrientes subterráneas que habitan todo texto aquí tiene la primacía. Aquí se mira con sospecha y lupa, a la manera del detective que explora la escena del crimen para ir más allá de las evidencias, para penetrar lo que parece no verse. En Estudio en escarlata, Sherlock Holmes le decía a Watson “Usted ve, pero no observa”.
- Emitir y sustentar un juicio de valor. En tanto criticidad, este nivel de lectura establece unos criterios determinados y a ellos asigna un valor. Los criterios, más que el juicio en sí, son el pilar de la apreciación dado que corresponden a las reglas o principios usados en la formación de un juicio. Lipman, en un excelente libro (El lugar del pensamiento en la educación, Octaedro, Barcelona, 2017), hace una sesuda reflexión en torno a cómo estos, los criterios, forjan el verdadero pensamiento crítico y propone tres transversales: la validez, la evidencia y la consistencia. El caso es que para valorar un discurso se requiere de una tabla de consideraciones sobre la cual gravita ese juicio en particular. Claro, según sean las intenciones del lector y su área de formación o experticia, si es el caso, se emitirán los criterios. Para un arquitecto criterios indispensables serán utilidad, seguridad y belleza; para un magistrado, legalidad o ilegalidad, nos advierte Lipman.
Acto seguido, acaece la debida sustentación del valor dado con evidencias suficientes tomadas del propio texto, lo que supera obviamente el mero parecer o el capricho emocional del momento y nos instala en el compromiso con la obra, con la tradición y con nosotros mismos al argüir con altura.
- Generar y ordenar las reflexiones que suscita la lectura del texto. Ulterior a la carga valorativa y argumentadora, viene, digamos, un salto cualitativo. Inicia (aunque ya desde antes se ha ido forjando) la creatividad, que muy lejos de ser un desparpajo o una ocurrencia, una combustión espontánea, es una cocción lenta, muy lenta y procesada de ideas y formas. El acto creativo es una parsimoniosa maduración, una orfebrería calmosa, atenta, muy vigilante, para darle forma externa a algo que se ha ido consolidando adentro; esto bien lo saben los poetas, dramaturgos o novelistas; los pintores y escultores. Los flujos de ideas y los esquemas organizadores son herramientas del todo útiles acá.
- Elaborar una propuesta. Decir creación es mostrar una obra. La creación no es una idea per se sino una forma ordenada que se expone, que se presenta, que tiene materialidad propia. No existe la creatividad sin obra. El poema, la novela, el cuadro o la sinfonía ahí están y nos apelan. Así las cosas, quien ha ejecutado la valoración de la obra construye un plan de ideas con su posible forma y lo concreta. Ahora es cocreador o pequeño demiurgo que, derivación de una lectura afortunada, logra decirse, ser voz propia, puede sentar bandera para dejar su mirada, su testimonio. El texto leído se torna en texto generador y el nuevo texto será, ojalá y a su vez, texto generador de nuevas lecturas. El mundo de la lectura es una biblioteca cercada por escaleras en espiral, a la manera de Borges.
De nuevo subrayémoslo: la lectura no es un proceso mecánico. Las cuatro fases presentadas en este blog no son solo esas o no solo se dan de esa manera, acaso corresponden a unas estaciones de un trayecto que nos impregna de sentido de vida. Y es que la lectura, en esencia es eso: una forma de viajar y de llenar el alma de sentido para vivir con otros de mejor manera. La lectura, allende los procesos cognitivos o las estrategias didácticas, acusa e invita ante todo una ética, esto es, una manera de ser, de vivir y de convivir.