3. La lectura analítica
Leer es como explorar un bosque. La idea final es conocer y disfrutar ese bosque, sus caminos, árboles, hojas, paisajes, recodos, juegos de la luz, aromas, aves, silencios y sonidos. Así es leer; bueno, así debería ser. Quien habitualmente lee lo sabe, disfruta el viaje. Para quien no, está la hora del cuento en casa y el aula de clase; bueno, se supone.
El viaje al bosque inicia como toda una aventura que se planea: se tienen en cuenta con minucia los detalles y nos aprovisionamos de lo mejor para iniciar el recorrido; en la lectura esto lo llamo Fase 1, Las condiciones previas (ver el enlace). Ya en él, nos disponemos a recorrerlo lentamente, de ser parte de su paisaje, de avistar algunas de sus características y habitar algunos de sus secretos (confrontar Cuatro fases para una buena lectura. 2. La lectura literal). Ahora se trata de indagar sus partes, sus elementos; de saber de buena tinta sus habitantes, cómo conviven e instituyen un universo propio: la lectura analítica, Fase 3.
Analizar, en su etimología griega, implica disolución, separación, acción de soltar o desatar. De hecho, gran parte de la ontología, la gnoseología, la epistemología y la crítica literaria occidentales han privilegiado esta operación cognitiva: distanciar y examinar en detalle las partes. El sujeto estudia el mundo, la razón disecciona la realidad, reza nuestra creencia. Derivación de ello, las ciencias y las tecnologías. Este acto disyuntivo corresponde a la descripción de un objeto en sus partes constitutivas y de suyo es un procedimiento demostrativo en la filosofía; su opuesto será la síntesis o conjunción. El análisis hunde el bisturí, entra en las carnes, perfora los nervios y así sabe de la fisiología y la anatomía de los sistemas. En los estudios literarios, en particular, su exceso ha derivado en instalarse en la fragmentación y olvidar el conjunto. En una pedagogía de la escritura, valga este otro ejemplo, su énfasis se ha entronizado en la redacción. Ahora, en un pedagogía de la lectura como la aquí propuesta, entendemos el análisis como un momento de fina observación y celosa descripción (enmarcado en procesos de pensamiento como clasificar, diferenciar, contrastar, inferir y categorizar) para luego sí componer el paisaje con mirada educada, valorarlo y proponer nuevos horizontes. De lo que se trata es de disfrutar el camino y el bosque, pero conociéndolo, no solamente opinando al garete.
Si tenemos presente las anteriores dos entradas de este tema, podremos apreciar que hemos ido adentrándonos paulatinamente en el bosque. Estamos ya en su espesura. Ahora se trata de estar al tanto, con lupa, de su vegetación, de los árboles y arbustos, de flores y plantas, de su fauna… ¿Pasos de una lectura analítica? Los que siguen, sugiero.
- Pasar de las ideas y temas a los conceptos. Las ideas dan información concreta, los temas avisan de grandes inquietudes propias de un marco social mayor a la obra que los predice. Los temas preceden al texto y casi que lo generan. Los conceptos, por su parte, son la variación, la singularización de los temas; la marca o firma particular del texto respecto a temas generales. Si un tema en El Quijote, digamos, es la caballería, un concepto será la caballería en tanto postura crítica frente a un mundo que se va perdiendo. Conceptualizar se refiere a nombrar de manera precisa y propia un tema, una pregunta. Si en El olvido que seremos un tema es la relación padre-hijo, un concepto derivado de este será el amor filial como vínculo ético y sentido de resistencia.
Lo sabemos. No es fácil hacer este salto cognitivo pues se requiere de conocer la información que da el texto y comprender cómo este lo gira o inclina hacia un cierto ángulo. Su verificación estará en el texto mismo y a este siempre se habrá de acudir para no caer en la especulación.
- Inferir la pregunta o problema eje. Cada vez más adentro el bosque se torna espesura, los árboles copan la luz, pero esta, siempre, está en algún lado. Descubrir su chorro vivificador, su aliento vital es necesario. En la pieza leída hay en el fondo, igualmente, una pregunta, un problema, una inquietud, una situación no resuelta que hace de niebla y copa el camino. ¿Cuál es ese motivo vital del autor que lo ha llevado a crear todo este andamiaje de palabras, datos, imágenes, símbolos, párrafos, conectores, personajes, eventos y figuraciones estéticas? ¿Qué no lo dejó dormir hasta escribir esto? Recordemos que detrás de toda (gran) escritura hay un desvelo, un insomnio, una vigilia no resuelta… ¿Pero cuál es? ¿El gran problema en El quijote podría ser la ruptura del sujeto frente al mundo social?, o, ¿que toda ética es un heroísmo tragicómico? No lo sé. Es posible. El hecho es que cuando se analiza un texto se va a sus entrañas, a las costuras más ocultas que lo hacen tejido, vestido, prenda. Bajo el bosque están las raíces.
- Colegir tesis y argumentos. Las dos estancias anteriores hacen que el camino tenga más sentido. El explorador entiende que toda pregunta o problema tienen o buscan respuesta, pues en lo humano todo es intencionado, no existe la neutralidad; cada palabra dicha apunta hacia algo, algo persigue. No hay actos sin intenciones ni pensamientos sin deseos. Así lo leído, que se verifica en la tesis o postura personal, en esa actitud crítica que el texto asume o como responde a aquella pregunta o problema. En la tesis el texto se la juega y, claro, todo texto, hasta el más “objetivamente informativo e impoluto”, comporta una tesis, un juicio sobre algo. Por la misma ontología del lenguaje no hay textos sin tesis. Ya los argumentos o evidencias para respaldar la tesis serán el siguiente movimiento.
- Inferir la visión de mundo. Aquí entendido como la particular concepción de vida personal y social que el texto propone. Ese cosmos (orden) en el cual se resuelve y hasta disuelve la existencia histórica de personas y colectividades. Es la geografía en la que las personas se mueven y las fuerzas que los impulsan a actuar. Más especialmente en textos literarios o argumentativos pero siempre presente en todo discurso, hay una idea sobre la vida humana, esa idea es su visión de mundo, y el texto es todo un entramado construido para ponerla en escena. Si se quiere: un texto es una utopía donde alguien cifra sus esperanzas de lo humano.
Bueno, ya estamos saliendo del bosque. Avistamos los claros del camino, hacemos la pausa, respiramos con aire renovado, sabemos de secretos que están allá, guardados, pero que nos han sido dados para pensar y proponer, ahora, en nuevos paisajes.