2. La lectura literal
Efectivamente la lectura es una actitud y un proceso. En cuanto actitud, implica una disposición para conocer, para comprender, para ir más allá de lo dado o lo obvio; en tanto proceso, demanda de ciertos pasos, de un orden. No se lee bien por solo quererlo o de buenas a primeras; la lectura no es una combustión espontánea. Muy al contrario y especialmente en una pedagogía de la lectura, se requiere de paciencia, trabajo, estrategias, modelos y ejercicios. La primera etapa o estadio de una pedagogía de la lectura la presenté en el enlace anterior (Cuatro fases para una buena lectura. 1. Las condiciones previas), como el umbral para iniciarse en las buenas prácticas lectoras. Por supuesto, las cosas no se dan de manera mecánica ni una fase lleva per se a la siguiente, solo que en los procesos formativos y didácticos se requiere de una secuencialidad que es la que trato de proveer en este blog. Así, pues, paso a la segunda estación del camino: La lectura literal.
No por obvio se entiende o domina. Sí por obvio debemos insistir en ello: la base de todo buen asunto lector radica en leer la información explícita, entender las letras, dar cuenta del código escrito o leer las líneas, como expone Daniel Cassany (Tras las líneas. Sobre la lectura contemporánea. Anagrama, Barcelona, 2013). La lectura literal viene a ser la capacidad de decodificar la información sustantiva de un discurso, deshojar lo que el texto dice. Es el momento del texto, la intentio operis de Umberto Eco, en lo que más de propio tiene y es el texto. Se refiere a conocer lo que allí ocurre, lo que se cuenta, eso que acontece, ya sean personajes, eventos o ideas. Es la escucha más atenta, el ojo más descriptivo y dispuesto que podamos tener; algo así como dejar que lo que está allí nos llegue, nos toque. La lectura literal es una fenomenología ante la cual nos desnudamos; aquí, el texto gobierna y nos propone suspender las opiniones, postergar los juicios. Aún no, primero mira y conoce, sería el lema.
Es precisamente Eco, uno de los grandes pensadores sobre la interpretación y la semiótica, quien afirma que “Hay que empezar todo discurso sobre la libertad de la interpretación con una defensa de lo literal” (Los límites de la interpretación. Lumen, Barcelona, 1992. P. 33), esto es, un acatamiento a lo dicho para luego sí pasar a lo pensado sobre lo dicho. La sujeción al sentido primario es el inicio fundacional del acto lector, y aunque suene conservador, creo que este Sine qua non es la piedra fundacional, la llave de bóveda para los ulteriores procesos o fases. La lectura literal es la capacidad de entender lo gramaticalmente dado, valga la expresión. Para el racionalismo griego de Platón y Aristóteles, recordemos, conocer significa desentrañar la causa y en la lectura la causa primera es la obra.
A la par de estas claridades tengamos muy presente que la lectura es una acción intencionada de orden cognitivo y procedimental que mueve procesos de pensamiento básicos y superiores. Cada acción lectora está a la sombra de unas ciertas operaciones del pensamiento. Dado que leer es pensar, pensar, entonces, es elaborar el conocimiento en la relación que se da entre los estímulos externos y los internos para proveer sentido. Para el caso de la lectura literal, en particular, será menester observar el adecuado desarrollo de operaciones mentales básicas como la atención, la concentración y la memoria (pilares de todo desarrollo humano) y de superiores como identificar, describir, diferenciar, ordenar y sintetizar, lo cual sustenta la majestad del propósito de la lectura literal.
Una vez hechas estas precisiones, pasemos a los momentos de lo literal en una pedagogía de la lectura.
- Identificar y concretar ideas ejes. Son esas expresiones verbales completas puestas a manera de oraciones o frases que por su relevancia arrojan información determinante. No son párrafos sino que están, por lo general, contenidas en los párrafos; hacen las veces de alimento nutritivo del párrafo. Identificarlas implica leer el párrafo en su totalidad, precisar qué información explícita resulta determinante en él, destacar esa información (subrayar) y luego sí procesar ese bloque de información mediante esquemas asociativos para ordenar y clasificar las ideas transversales. Con esto tenemos el primer conjunto de información literal o explícita que nos el texto, el cual será la base de las subsiguientes etapas. Corresponde a la capacidad de observar, destacar y ordenar.
- Conocer el léxico, etimologías y jergas. En lo personal, esto es todo un placer. Un menú elevado y exquisito. Y aquí una recomendación de una joya reciente en este campo: Palabras del egeo. El mar, la lengua griega y los albores de la civilización, de Pedro Olalla, Acantilado, Barcelona, 2022. Dedicar el tiempo necesario a conocer palabras nuevas, orígenes y transformaciones de conceptos y usos especializados, además de potenciar la capacidad verbal en sí misma, reporta la enorme ventaja de hacer más amplio, riguroso y plástico al pensamiento. Bien lo decía Wittgenstein, los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje. A más lenguaje más mundo; a mayor léxico mayor posibilidad de reconocer y dirigir nuestras emociones; si más numeroso el caudal de etimologías más sólida la capacidad histórica y categorial en la argumentación. El uso cada vez más educado y consciente de un idioma tan maravilloso como el nuestro es la antípoda del fanatismo y la irreflexión. Y esto se logra de mejor manera con la memoria, base de la cognición, y luego la ejercitación o la apropiación léxica con su traslape en la vida cotidiana.
- Ordenar temas. Un tema acota el asunto principal, aquella cuestión transversal y desencadenante del discurso. La mayor envergadura que se desarrolla. El tema es esa idea nuclear, o en plata blanca, la unidad significativa desencadenante de un texto. Hace las veces de brújula, por lo cual dirige y orienta todos los asuntos textuales: las preguntas, el problema, la tesis, los argumentos, la trama, etc.
Ahora bien, en un ejercicio de lectura literal a las primeras de cambio surgirán muy posiblemente varios temas; temáticas abiertas en tensión y que ya en la lectura analítica se depurarán hasta que pueda emerger el tema o unos muy pocos temas centrales. En la fase de lectura literal, en concreto, corresponde hacer un rastreo, tomar la fotografía sobre esos asuntos de interés que reitera la obra. Tales temáticas nos permitirán comprender las preocupaciones e intenciones que se irán tejiendo entre sucesos, personajes, datos o argumentos. A saber: identificar, diferenciar y ordenar.
- Esclarecer la estructura discursiva. Ya en las condiciones previas se había anotado la necesidad de conocer la tipología que anuda el texto. Ahora es el momento de detallar tal arquitectura discursiva. Esto quiere decir la lógica de composición, a la manera de Edgar Allan Poe, que el autor emplea para llevar a buen término sus ideas. Cómo se inicia, desarrolla y concluye el texto, cómo está prensado el organigrama conceptual y cómo se escribe. Dado que el texto no es un pegamento arbitrario ni burdo de palabras, párrafos e ideas sino un tejido fino y cuidado, la invitación en este punto es a mirar la organización del telar: con qué materiales (palabras, párrafos, léxico, figuras…), cómo se relacionan las costuras (coherencia de temas e ideas), si los pegamentos (conectores y relaciones) son resistentes y los acabados finos. En síntesis, se trata de pensar como escritores para describir (por ahora sólo describir) qué se quiso decir y cómo se dijo. Punto cognitivo de inflexión: describir y relacionar.
- Comprensión temática y formal. Si antes fue la síntesis, ahora la recapitulación más aguda sobre lo temático y formal. Es el momento de ver el bosque y las diferentes arboledas y caminos que lo configuran. De qué temas se habla y cómo se habla de ellos. Valga la imagen: es el espectador en el museo que se detiene ante un cuadro, mira algunos de sus detalles más evidentes y luego, dando un paso atrás, conoce algo mejor el conjunto pictórico.
En una pedagogía de la lectura no resulta gratuito, en absoluto, que también esta fase se cierre con una síntesis comprensiva, pues nos dirá cómo se ha hecho el recorrido en el texto, qué se identifica de él y en qué deberemos hacer énfasis en los siguientes estadios. Entonces, paso a paso hemos ido escalando en el conocimiento de la obra. Síntesis y organización, pues, a la orden del día.