La capacidad expresiva como tarea fundamental

Demóstenes.

Formar la capacidad expresiva es una tarea sustancial en la sociedad en su conjunto, en tanto garantiza el acceso al sí mismo y a la cultura. La capacidad expresiva como objetivo formativo primordial, permite que cada uno se ocupe de sí mismo, se haga responsable de su forma de pensar, decir y actuar y de relacionarse con los bienes mayores de la humanidad. Tal capacidad resulta ser la mayor posibilidad para la posibilidad de ser lo que podemos ser, tanto en lo personal como en lo colectivo.

En cuanto capacidad, y en línea con Nussbaum (2012), corresponde a un enfoque del Desarrollo humano que atiende a dos preguntas: ¿qué son capaces de hacer y de ser las personas?, y ¿qué oportunidades tienen verdaderamente a su disposición las personas para hacer o ser lo que puedan?  Dichos interrogantes permiten movilizar la reflexión y las acciones tendientes a configurar la propia subjetividad y las mediaciones más pertinentes para decirse a sí mismo en relación con los otros, configurando una vida más digna y plena, no solo en función de condiciones utilitarias y consumistas sino ante todo de acceso, disfrute y participación de la cultura. Desde este enfoque, la capacidad expresiva viene a ser intervención intencionada y habitual para resituar a la persona como un fin en sí misma, promover las libertades sustanciales, la corresponsabilidad con la ciudadanía y la democracia y ocuparse de la injusticia y la desigualdad sociales arraigadas (Nussbaum, 2012), asignándole al Estado y a las instituciones formadoras la responsabilidad de mejorar la calidad de vida. La capacidad expresiva: bastimento central para pensar, decir, elegir y actuar en y con los entornos íntimo, político y social. Capacidad expresiva que, por lo mismo, debe promocionar continuamente el sistema educativo desde la reflexión, la oralidad, la lectura, la escritura, las humanidades y la investigación.

Promover la capacidad expresiva deriva como realización activa de la libertad humana en el marco de la convivencia respetuosa y propositiva. Tal posicionamiento permite atender más efectivamente a una vida floreciente y es la primera razón de ser del Estado y de las instituciones educativas. Pensar, hablar, leer, escribir e investigar configuran el punto de inicio para ordenar la mente, para una vida floreciente que exige ser defendida, promocionada y divulgada por el conjunto de la sociedad y muy en particular por las prácticas de enseñanza y aprendizaje en las aulas. Enseñar y aprender a hablar, leer, escribir, comprender y disfrutar de las humanidades y darse a la tarea de investigar y divulgar investigación son un asunto de hondo calado y la agenda principal en cualquier democracia que se precie de serlo.

La plenitud humana, cerrando, se logra mediante el desarrollo lingüístico, intelectual, afectivo, estético, social y político; educar en la capacidad expresiva permite consolidar comunidades más críticas, democráticas y guiadas por principios de justicia social.

Nussbaum, M. (20212), Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. Barcelona. Paidós.

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