La retórica, según Pieter Isaacs.
Si de fortalecer el pensamiento crítico se trata, un maestro tiene a su haber un repertorio considerable en la retórica clásica. Esta disciplina transversal a todo conocimiento y ejercicio en y sobre lo público, centrada en el cuidado y empleo del discurso oral y escrito con fines comunicativos, argumentativos y estéticos –ars bene dicendi-, impacta todas las actividades hoy: desde la literatura hasta la política, pasando por la publicidad y la imagen. Tal es su dominio, que se extiende a territorios tan disímiles como la educacion o la moda. El hecho, lo que quiero resaltar es que para pensar con mayor rigor, para fortalecer el pensamiento crítico, la retórica es un campo de sembradío vasto y rico que se debería conocer y apropiar.
En ella, la composición del discurso brinda herramientas más que necesarias para decir bien el pensar. Pero componer un discurso pasa por tres aspectos sustantivos: inventio, dispositivo y elocutio.
Inventio, o los contenidos del discurso. Aquí se trata de hallar en la tradición, formación académica, contexto cercano o experiencias personales, los temas o ideas más adecuados para la intencionalidad que se tenga. Temas o ideas que exigen ser pertinentes, conocidos y ajustados al objetivo trazado. La invento es el terreno propio del hallar, del indagar, del escudriñar las ideas ejes que posteriormente darán la estructura o harán las veces de columna vertebral de la exposición. Aconsejable en este momento es darle vueltas al tema, pensar y repensar y volver a pensar lo que se quiere decir, «soltar» ideas en mapas mentales, hacer listados, decir en voz alta aquellas comprensiones que se consideran claves. Luego, pulir o editar esas ideas, quedarse con las de mayor solidez y profundizarlas: consultar fuentes, revisar sus etimologías, ajustar su semántica; como quien dice, llegar a su fondo y optar, finalmente, solo con las decisivas, las de mayor fuerza.
La invento nos reta en la capacidad para identificar, precisar y nutrir los puntos temáticos cardinales de nuestro discurso. Sobre ellos gravitará el vigor crítico de nuestro decir, por tanto no debemos concedernos en este ciclo medias tintas, ambigüedades, repeticiones o fuentes confusas. Como todo en el pensamiento crítico, la sustancia o raíz deviene de la precisión de las ideas.
Dispositio, o disposición textual, organización discursiva. Si ya tenemos las ideas, ahora el trabajo es organizarlas, disponerlas armónicamente en un todo cohesionado. En este sentido, se deberá custodiar el número de partes del discurso y su orden de aparición.
Respecto a las partes, son de dos tipos: bipartita y tripartita. La bipartita es el orden discursivo que se desarrolla por tensiones entre dos campos o ideas que dialogan y debaten. Es una forma discursiva que se mueve a la manera de dos ejércitos en el campo de batalla, lo que implica crear dos tópicos ejes que se confrontan.
La tripartita, por su parte, se caracteriza por tener principio, medio y fin. El principio o exordium, busca captar la atención y esbozar el orden expositivo. Es el momento para presentar el tema, la tesis y los argumentos sustantivos, dejando en claro de entrada la postura crítica que se tiene, lo cual asegura que el discurso se enuncia con contundencia desde su inicio. El medio lo conforman la narrativo o exposición detallada de la tesis y la argumentatio, evidencias que demuestran y sobre las que se soporta la tesis. El fin es la perorata, recapitulación, que resume lo expuesto y confirma la postura crítica inicial.
Por su naturaleza, el pensamiento crítico hará un trabajo severo en cuanto a la tesis y los argumentos, esto es, respecto a la afirmación o postura transversal sobre un determinado asunto y a los argumentos, ya sean referidos al ethos (evidencias de orden afectivo y moral, enfocados en quien emite el discurso), al patios (emociones, sentimientos dirigidos hacia quienes escuchan) o al logos (empleados en el tema y la dialéctica discursiva). Estos últimos tendrán, a su vez, mayor realce para una perspectiva crítica densa.
Elocutio, o manera de expresar el discurso, corresponde a lo que llamamos comúnmente estilo. Denota la corrección gramatical en la expresión lingüística, la correcta construcción sintáctica. Es la cuidado de lo dicho, la vigilancia por la forma de llegar a otros. Comunica, atrae y mantiene la atención ya sea con la justa elección de palabras o con el ingenioso provecho de figuras literarias.
Pensar críticamente comporta, pues, el trabajo con ideas, juicios y argumentos y con la mejor manera de configurarlos y comunicarlos. La retórica, lejos de entenderse como una disciplina encargada de lograr adeptos o manipular afectos, nos insta a pensar con lucidez y a decir lo pensado con pericia.