El análisis del discurso y el análisis crítico del discurso

Stop and search. Bansky. 2007.

La cultura es una red compleja, sistemática y sistémica de significaciones que se crean y representan a través de múltiples discursos; discursos de carácter simbólico, ritual, físico, escrito, oral o de imágenes y sonidos, principalmente. Por lo anterior, los discursos expresan o  re-presentan una serie de imaginarios, valores, emociones,  ideas, intereses y perspectivas. Darse a la tarea de determinar qué subyace en el fondo de ellos es labor propia del análisis del discurso (AD) y del análisis crítico del discurso (ACD). Campos privilegiados para desarrollar AD y ACD serán la retórica, la lingüística, la socio-lingüística, la semiótica y la teoría crítica.

La retórica, por su parte, buscará saber decir el pensamiento para convencer a un auditorio o lector mediante ciertas afectaciones o figuras. La lingüística se encargará de indagar las estructuras subyacentes en un discurso hablado o escrito como una forma de uso de una lengua. La socio-lingüística, campo emergente del anterior,  se endosará la actividad de investigar las condiciones sociales de un discurso hablado o escrito. La semiótica indagará en los diferentes sistemas de signos sus modos de producción, funcionamiento y recepción. Ya la teoría crítica aportará, especialmente al ACD, la capacidad de  investigar los usos y abusos del discurso para establecer, legitimar, ejercer o resistir el poder y la dominación.

El concepto de AD parte de Zellig Harris[1] y se tornará en una disciplina independiente hacia 1960 y 1970 con el aporte de varias disciplinas: la antropología, la lingüística, la filosofía, la poética, la sociología, la psicología y las ciencias de la comunicación, a la par y en diálogo con la sociolingüística, la psicolingüística y la etnografía, pero será Teun van Dijk[2] quien le dé un impulso sustantivo y “universalice” la lectura contextual de los discursos, en los cuales se pueden establecer en las discursividades las características sociales de los participantes como su edad, sexo, nivel educativo, origen o sesgos políticos.

El AD permite entender  las prácticas discursivas personales y sociales que se producen en circunstancias espacio-temporales específicas asegurando sentidos y valores. Sean expresiones verbales o no verbales, lo cierto es que cualquier discurso devela los sistemas de creencias que constituyen una realidad, una forma de entender el mundo. De lo anterior se colige que un discurso, al menos: expresa un sistema más o menos coherente de significados, se cristaliza en textos, se refleja en su propia forma de decirse, se refiere a otros discursos, confirma y/o rechaza perspectivas, sesgos o ideologías, está históricamente situado y reproduce relaciones de poder[3].

Ya será el enfoque que se tenga sobre el AD (gramática del texto, socio-critico, psicología discursiva, estilística, retórica, narratología o teoría de los géneros, entre otros) el que determine las prácticas y métodos de trabajo pero el hecho común tanto para el AD como para su derivado más actual y acucioso,  el ACD, es que sus participantes son protagonistas y receptores de la cultura desde ciertas ideas o concepciones y que cuando se hace un trabajo detallado con los discursos, se elaboran rigurosamente  el análisis, las relaciones, las valoraciones y las proposiciones.

Precisamente sean, en mi consideración, estos últimos cuatro aspectos  los que le dan mayor alcance y pertinencia al AD y al ACD, máxime en procesos de formación de educadores y de cualificación de las prácticas docentes de maestros en pleno ejercicio,  pues ocuparse de la educación es también entenderse con  las diferentes formas de enunciación en que esta se da y en las maneras y concepciones como se expresan el conocimiento, los imaginarios y las prácticas sociales, cara a promover conciencia, participación crítica y transformación social desde las aulas y la investigación educativa

El análisis, desde la mirada del AD y del ACD, implica ir al fondo del discurso: identificar y caracterizar las partes de un todo; fragmentar los elementos que configuran un texto y establecer sus relaciones con él. A la manera del relojero, el análisis comporta la habilidad de recorrer, diferenciar, distinguir: mirar el detalle,  seguir los pormenores, buscar los fragmentos.

Un segundo momento será el relacionar. Una vez establecidas las cuadrículas, fronteras o divisiones de una superficie, ahora será el momento de atinar con los vínculos, las conexiones, los puentes. El AD pero particularmente el ACD exhorta a pensar analógicamente, a inquirir tanto por lo dicho como por lo sugerido que hace de “pegamento” de las  palabras, los gestos, los sonidos o las imágenes. Un texto no es una sumatoria rígida de entidades  sino una cierta disposición de aspectos que con ciertas intencionalidades genera, o pretende generar,  un determinado efecto. Cómo se dan las piezas, por supuesto, pero igualmente en qué orden y con qué cercanías o lejanías actúa.

La valoración, tercer momento en común del AD y el ACD, promueve una lectura activa del sistema textual, darse a la tarea de emitir un juicio sobre la base de criterios previamente estipulados. Dicho en otros términos: asumir una postura, asignarle un conjunto de valores a algo. Ya muy en particular, será en el ACD en donde esta fase toma un realce y pertinencia sustantivos pues aquí se asume que todo discurso es la representación de unas intencionalidades, sesgos, ideologías, creencias y/o prácticas sociales y que en ellas se filtran, concretar y/o se repelen el poder y la sumisión. Por lo tanto, labor propia de quien hace ACD será identificar, denunciar y exponer con argumentos, una apreciación de lo dicho, lo supuesto y lo pretendido en un discurso.

Cerrando los estadios relativamente comunes entre AD y ACD, está la proposición. Aunque varía entre escuelas e investigadores, en muchos casos aquélla viene a ser  una suerte de “círculo” que cierra la lectura atenta de un texto de la cultura. Puede en ocasiones mezclarse con la valoración pero por su naturaleza atiende a dejar algo en perspectiva, a abrir un horizonte, a indicar algunos trazos sobre un determinado texto.

Sobre tal entramado, el AD y el ACD se configuran en tanto herramientas para conocerse y conocer los comportamientos de las personas y colectivos.

……

[1]. Lingüista estadounidense quien formula la primera versión de una gramática transformacional. Cfr. Entre otros, su libro  de 1970, Paper in structural and transformational linguistics.

[2]. Cfr. Especialmente, Texto y contexto. Semántica y pragmatica del discurso. Madrid: Cátedra, 1980.

[3]Cfr. El análisis del discurso como perspectiva metodológica para investigadores en salud, de Urra, E., Muñoz, A., y Peña, J. Enfermería universitaria 2013, 10 (2):50-57, en: scielo.org.mx

 

 

Deja un comentario