Aunque son innegables los recientes avances que se han dado en la educación colombiana (especialmente en cuanto a cobertura y a los programas de Jornada única y Ser Pilo Paga), lo cierto es que aún estamos muy lejos de considerarnos con una educación de calidad. Pesan, y demasiado, problemas endémicos que no se han logrado erradicar y que de no enfrentarlos harían irrisoria toda nueva tentativa de mejoramiento. Cerrando la anterior entrada, veamos dos plagas históricas más que, lejos de las mañosas intenciones retóricas de los políticos de turno, ameritan una verdadera transformación estructural si de vernos como una nación digna y con futuro se trata.
4ª. La preeminencia del Modelo tradicional. Ni modo: la historia de nuestra conformación como «Nación» nos ha impuesto un espíritu conservador. El apego las tradiciones, a los apellidos, a las viejas usanzas y rituales; el temor a los cambios y el apego al pasado (aunque paradójicamente bastante desconocido) constituyen nuestra psiquis colectiva. Y la educación no es la excepción. Aunque mucho de habla de renovación de las prácticas de enseñanza, de tendencias autoestructurantes, críticas o constructivistas, lo cierto es que en un gran número los docentes desconocen los modelos pedagógicos y mantienen estrategias centradas en la transmisión oral y memorística de conocimientos descontextualizados. Nuestra educación formal no ha logrado resignificar sus propias formas de enseñanza y aprendizaje tomando de manera ligera o aleatoria las propuestas cognitivas y metodológicas del siglo XX. La educación clásica o tradicional sigue campante en la mayoría de nuestras instituciones educativas.
Consecuencia de esta tendencia conservadora, los procesos de investigación, pensamiento crítico y creatividad -que resultan indispensables para que una sociedad se renueve y fortalezca-, son más ejercicios aislados que programas continuos en los salones de clase. Darle prelación a la identificación y análisis de problemas, a la argumentación crítica, a la innovación, al trabajo por proyectos con impacto social y a una política de largo plazo enfocada en las competencias y no en las capacidades, es todavía una utopía en nuestra esfera educativa. Aunque los fines de la educación trazados en la Constitución del 91 han sido animados con criterio válido y significativo por algunas políticas locales y nacionales, lo que de veras transcurre en el día a día de las planeaciones, didácticas y evaluaciones sigue aferrado al modelo tradicional.
Por lo anterior, urgente será darnos a la tarea de conocer los enfoques, modelos y escuelas pedagógicos que desde finales del siglo XIX han llegado al escenario formativo. Igualmente inaplazable será la tarea de revisar nuestros planes de estudio y prácticas docentes para lograr una verdadera articulación entre una educación renovada en su discurso y en su acción. Dicho de otra manera, una sociedad democrática, inclusiva y justa pasa por el examen y reformulación de su plataforma educativa.
En tal sentido, preguntas tales como cuáles son los modelos pedagógicos que requerimos, qué procesos de pensamiento enfatizamos, qué capacidades propias de cada estudiante desarrollamos, que innovaciones aplicamos o cómo vinculamos los planes de aula con los contextos sociales, podrían hacer las veces de dispositivo inicial en este urgente viraje formativo de los docentes.
5ª. Sólo buenas intenciones. Este predicado tan propio de nuestra forma de ser debe pasar al estudio, planeación y ejecución de programas de largo aliento, en donde los procesos secuenciales y evaluados sustituyan las ganas y la improvisación. Nos hemos acostumbrado a los pretextos, a las pretensiones, a los propósitos que cada nuevo año renovamos pero no concluimos. Nos cuesta, y de qué manera, ajustarnos a derroteros sesudos y acciones continuas. Con razón afirma Enrique Serrano: «La sociedad colombiana es un pueblo de medios logros, de aspiraciones interrumpidas, de objetivos apenas realizados, un pueblo que habla de grandes logros y sin embargo sólo alcanza una parte de ellos, incluso una parte ridículamente ínfima» (en ¿Por qué fracasa Colombia? Delirios de una nación que se desconoce a sí misma. Planeta, 2016, p. 222).
Así, diseñar un programa formativo centrado en el pensamiento crítico y la formación ciudadana, creo, permitiría acoger las finalidades dadas en la Constitución, responder a las necesidades de cognición indispensables para el mundo de hoy y gestar una sociedad incluyente y participativa. Centrarnos en una sola propuesta proyectada al menos para los próximos cincuenta años y que se iría desplegando paso a paso, trazaría la cartografía de una nueva sociedad. Y es que menos es más. Por querer abarcar tanto poco se obtiene. Un gran acuerdo nacional por la educación vendría a ser el tema prioritario para la sociedad civil , en donde pudiéramos precisar qué tipo de nación queremos ser y cuáles los procesos y productos que ello requeriría.
Si se trata de soñar un país posible al alcance de todos, deberemos hacer una evaluación crítica de nuestro sistema educativo y con disciplina y disposición para el bien común, planear la educación de hoy que dará las bases de la sociedad del mañana. Las respuestas a nuestros más caros problemas no están en seguir apelando a una clase política cada vez más egoísta y corrupta, tampoco en las particulares demandas mercantilistas del mundo pragmático, menos aún en medidas cortoplacistas. Lo que de fondo nos interpela es el compromiso de imaginar, planear y desarrollar una educación que nos permita constituir la sociedad que aspiramos a ser.
Docente universitario, investigador y ensayista. Áreas de énfasis: Lecturas y escrituras, Educación para la comprensión y Modelos educativos. Asesor y consultor en Enseñanza para la Comprensión y en Didácticas para el desarrollo del pensamiento crítico y la educación ética.
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3 Comentarios
Excelente planteamiento y análisis. Lo que me preocupa es que, sabiendo el problema, no tomemos las mejores decisiones. Un abrazo profesor.
Excelente planteamiento y análisis. Lo que me preocupa es que, sabiendo el problema, no tomemos las mejores decisiones. Un abrazo profesor.
¿Acaso la educación nos hace materialistas e inconformes?
https://adsensu.wordpress.com/2017/01/22/el-senor-10/
Gracias Alonso por tus comentarios.