Algunos “secretos” al momento de escribir textos académicos -La revisión y la edición-

(Fotografía: texto inédito de Jorge Luís Borges).

Rodolfo Alberto López Díaz.

 

La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso». Francis Bacon.

 

 

La escritura es un trabajo  que requiere pasión, disciplina y creatividad. El texto escrito, consecuencia de aquéllas,  conjuga en su arquitectura claridad,  organización, proposición y seducción. La escritura, como todo oficio, tiene ciertas estrategias, secretos o pautas  para llegar de mejor manera a puerto. Sean los  que siguen, algunos posibles secretos  ahora expuestos para culminar un buen escrito. “Cerremos” con la revisión y edición.

 

1o.

 Una vez planeado y desarrollado el texto, viene el momento de la revisión. Entonces revisar en dos etapas: la estructura total (coherencia, cohesión) y el código escrito. A medida que se adquiere el oficio, que se logra mayor experticia, la revisión se hace más rigurosa, más detallada, más densa. Escribir es poner en distancia el impulso inicial y con bisturí cortar las capas. Escribir viene a ser deshierbar sin cortar la rosa.

2º.

Primero, pues, leer en impreso (es mejor revisar en papel que en pantalla) nuevamente todo el texto. Cada párrafo deberá ser un momento sucesivo y jerárquico  de la tesis o tema. Cada párrafo deberá tener una sola idea (esto es muy importante) que a su vez preludia la siguiente. La voluntad de comunicación es determinante en este aspecto. Así que  se trata de leer las ideas-ejes nuevamente: ¿son las adecuadas?, ¿están organizadas de manera suficiente en cada párrafo y permiten pasar al subsiguiente párrafo?, ¿cómo se inició el texto (primer párrafo)?, ¿cómo se desarrolla (párrafos de desarrollo)?… ¿Cómo se cierra o concluye? Tales inquietudes deberán regir esta revisión de la totalidad y, hacerlo apoyándose con una lectura en voz alta, permitirá hallar las fisuras, los vacíos, las repeticiones. Escribir es quitar lo que sobra, advertir los abismos de lo que se quiere comunicar. Y no olvidar en este momento que se debe leer como si “ese texto” fuera extraño, como si otro lo hubiese escrito. La escritura, en su esencia, despersonaliza la subjetividad; objetiva la conciencia.

3º.

Leída la totalidad, ahora cada párrafo. ¿La idea-eje es solo una, clara y claramente desdoblada?,  ¿la información o argumentación con que se despliega la idea-eje se explica con precisión?, ¿y la puntuación –ese dolor de cabeza- está en función de decir lo mejor posible lo que se quiere decir? Recordemos que  especialmente la coma, el punto y coma y el punto seguido son signos de puntuación que ayudan u oscurecen el sentido. La coma permite dar continuidad; el punto y coma hace una pausa mayor, permite que el texto respire de muchas comas, contrapone, opone, crea otra mirada a esa idea que se  viene desarrollando y, el punto seguido, hace un cambio mayor de mirada a la misma idea-eje del párrafo. Sólo leyendo a grandes escritores y reescribiendo se mejoran estos signos vertebrales de la escritura. Escribir es poner buenas ideas entre buena puntuación.

4º.

Los conectores… ¡ese otro dolor de cabeza! Un conector bien empleado genera ritmo, movilidad; uno mal ubicado corta, contradice. Entonces determinar qué tipo de párrafo –o de oración en el párrafo- es el que sigue: ¿de causalidad?, ¿de consecuencia?, de oposición?, ¿de continuidad?, ¿de síntesis? Dependiendo el tipo de relación que se establezca, así deberán ser los conectores. La escritura es danza, ritmo intencionado; no azar.

5º.

Un aspecto más y poco validado en las revisiones: la repetición de expresiones o palabras. Para hallar estas galimatías la lectura en voz alta y la revisión sobre texto impreso ayudarán bastante. Aquí, igualmente, los buenos diccionarios (herramienta insustituible en quien escribe): de antónimos y sinónimos razonado, ideológico, etimológicos… A la par de los anteriores, los computadores tiene a su haber los comandos “Buscar” y “Reemplazar”, que agilizarán esa fase de la revisión. La escritura exige una labor: depurar y depurar.

6º.

Viene otro aspecto en este asunto de la revisión: la adecuación de formato. Esto es, que el texto escrito corresponda a la tipología solicitada. Cada tipología tiene unas características propias que deberán ser conocidas por quien escribe. El ensayo, la reseña, el comentario, el informe, entre otros, precisan ciertos perfiles propios de los que no deberemos alejarnos en la vida académica. Escribir es, además del domino de un tema y del conocimiento del código escrito, moverse con fluidez en ciertas tipologías.

7º.

En último lugar, la revisión cierra con el acomodamiento del texto a una metodología solicitada. Más comúnmente será APA la que se exigirá y los manuales en internet se consiguen con facilidad. La quinta y sexta edición son las más solicitadas. En este punto deseo, ya para finalizar estos secretos producto de lecturas y experiencia personal, llamar la atención sobre las formas de citar y la bibliografía de cierre. Una y otra deben ser elaboradas son supremo cuidado pues son las voces que nos permiten alimentar nuestro pensamiento y a ellas les debemos todo el respeto y consideración.

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