¿Posconflicto en Colombia?

-La sociedad civil-

Rodolfo Alberto López Díaz.

 

En la anterior entrada referida al tema del posconflicto en Colombia, afirmé que los conflictos son connaturales a la sociedad y que por tanto no se puede hablar de posconflicto sino más bien de transitar de conflictos violentos a conflictos no violentos. Igualmente expresé que los Diálogos de paz entre el Gobierno Santos y las FARC-EP son necesarios pero que en sí mismos no nos llevarán a una sociedad de paz pues las causas endémicas de nuestra violencia son muchas y de distinto orden y que en tanto no se ataquen en su fondo no lograremos el sueño de convivir sin matarnos. Deseo referirme ahora a la sociedad civil.

Por condiciones propias de ser un territorio geográficamente diverso, colonizado, anclado en regionalismos, con castas criollas ad infinitum, centralista, de exclusiones sistemáticas y ausencia de justicia, lo que se  podría entender como sociedad civil apenas viene a ser en nuestro caso familias privilegiadas,  grupos económicos  o pequeñas colectividades que según distintos intereses dominan; eso por un lado,  por otro: masas anónimas que intentan sobrevivir un día más. Entonces sociedad civil será un concepto apenas por elaborar entre nosotros y ello implicará reconocernos como ciudadanos semejantes en un país de todos y con igualdad de oportunidades y justicia para todos.

Como sociedad civil cada uno deberá entender su lugar y contribuir a lo público (otro concepto ajeno a nuestro imaginario pues siempre lo individual y lo privado son los que nos han caracterizado). Así, cada ciudadano tendría unas condiciones para desarrollarse  en concordancia con la polis a la que pertenece y que es de todos y todos protegen. La idea de sociedad civil, pues,  reposa en valores cívicos como  unidad, proyecto común, inclusión y corresponsabilidad pero los grupos humanos históricamente colonizados que no han logrado salir de este estado mental difícilmente configuran sociedades civiles.

Tal vez por lo anterior priman los intereses individuales o de grupo. Tal vez por ello en nuestra geografía la indiferencia y la falta de organización cívica son el pan de cada día. Posiblemente por eso, también, nos pasan cosas que en otras latitudes son inadmisibles; tal vez por aquello, cuando decidimos salir a protestar pacíficamente las fuerzas y la organización cívica se van menguando entre las horas y los vándalos.

En este marco se están dando los Diálogos de paz en la Habana entre Gobierno y FARC-EP, y aunque se entiende una necesaria prudencia de aquéllos, lo cierto es que espanta la indiferencia ciudadana sobre lo que allí ocurre. Sólo los medios de comunicación atizan, según sus interés, los ánimos pero en el fondo lo que en realidad nos preocupa y ocupa es  la subsistencia diaria y no lo que como país podamos llegar a ser a partir de dichos diálogos. Si algo es más corrosivo que la injusticia, la exclusión, las monarquías criollas o los intereses empresariales nacionales o internaciones, es la indiferencia de los ciudadanos por lo común. Cuando el silencio, la apatía o el miedo  nos gobiernan, poco podemos exigirle a quienes nos representan.

Si en realidad fuéramos sociedad civil, tendríamos asiento en las mesas de diálogo y Gobierno y FARC-EP dialogarían cara a nosotros. Si efectivamente fuéramos  una sociedad civil, seríamos los veedores directos, los interlocutores críticos y propositivos atentos de los Diálogos de paz en la Habana y no los pasivos espectadores que somos.

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