Rodolfo Alberto López Díaz.
Han sido ya varios los años transitando por el Marco de Enseñanza para la Comprensión, Proyecto “Zero” de la Universidad de Harvard, y con cada nueva investigación que surge de ella, con cada nueva experiencia que acompaño y con cada reflexión sobre mis propias prácticas docentes y de investigación, más la encuentro pertinente para los ciudadanos de este siglo.
Por lo anterior, presento en varias entregas algunas reflexiones en torno a este Marco educativo. Esta es la entrega 3.
Respecto al estudiante que se forma en la EpC
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En consonancia con el espíritu del docente, el estudiante, en el Marco de Enseñanza para la Comprensión, ante todo observa, pregunta, sospecha, indaga, propone.
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No sobra decirlo: un estudiante que desarrolla la EpC está vigilante a cómo piensa. Por lo mismo, tiene un reservorio común de preguntas tales como: ¿qué observo? ¿Qué pienso de lo que observo? ¿Por qué pienso así? ¿Cómo puedo subir un escalón más en mi pensamiento?
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Este estudiante solicita claridad sobre qué se comprenderá, por qué, para qué, cuáles serán los procedimientos para hacerlo, qué criterios de calidad se espera de su trabajo y qué requiere para comprender mejor.
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Un niño/a y un joven atentos a la comprensión, hacen visible qué aprendieron, cómo lo aprendieron y para qué lo aprendieron. Por lo mismo, su eje es el desarrollo de habilidades: habilidades de comunicación, habilidades de análisis, habilidades de ejecución y habilidades de creación.
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Las cuatro habilidades arriba enunciadas llevan a que los niños y jóvenes se enfoquen en el trabajo colaborativo, en la búsqueda de información con criterio, en la resolución de problemas y en la aplicación de lo visto en el aula a contextos diversos.
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Por lo anterior, el niño/a y joven escuchan con atención, preguntan con claridad, argumentan con fluidez y proponen con creatividad.
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Además de registrar notas, ejercicios e indagaciones en sus cuadernos personales, los estudiantes en el Marco de la EpC se sirven de otros recursos como las TIC, los materiales audiovisuales, los mapas de ideas y conceptuales y los subrayados y las glosas en los documentos que leen, entre otros. Lo más representativo de estos insumos (por excelente y deficiente) lo van consignando, cada vez con mayor capacidad crítica, en sus propios Portafolios. Y los Portafolios los socializan con sus padres de familia y docentes.
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De la reflexión sobre sus propios procesos de comprensión (evidenciados en los Portafolios), los niños y jóvenes establecen sus propias rutas de mejoramiento de calidad. Así, viene a ser ellos mismos, ante todo, los líderes de su propia vida.
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Los estudiantes consultan periódicamente las planeaciones y rúbricas de calidad propuestas por sus maestros, pues deducen que ellas les guían la comprensión.
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Además de cumplir con los estándares académicos básicos, estos niños y jóvenes se forman en la cultura de la excelencia, es decir, dan lo mejor de ellos mismos. Y lo hacen porque han interiorizado que son excelentes.
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El estudiante en la EpC va de los temas a los problemas; de éstos a las hipótesis y de ellas a los proyectos, haciendo uso creativo y flexible del conocimiento.
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Muy propio de esta perspectiva educativa, el estudiante aprende a aprender y siempre busca hacerlo mejor. En tal sentido, el niño y el joven van comprendiendo que la clave para pensar, hacer y vivir mejor está en saber cómo se piensa y cómo se hacen las cosas, más que en el hacer por el hacer.
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Un joven acostumbrado a la metodología de la EpC, termina por asumir de manera exigente y crítica su propio proceso de aprendizaje.
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El niño/a o joven que asume la cultura de la comprensión, establece puentes más que murallas; sentidos más que obediencia.
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Los estudiantes en la EpC se mueven prioritariamente en comunidades de aprendizaje. Primero entre los propios compañeros de aula, luego con compañeros de otros cursos, más tarde, con diferentes cursos y docentes.
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El estudiante siempre está indagando los procedimientos para pensar y para hacer. La metacognición es una costumbre propia de él.
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Estos niños y jóvenes en la EpC van transitando de las tareas que solicita el docente a los proyectos que les interesan y consideran importantes para su vida y para la sociedad.
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Finalmente, estos niños, niñas y jóvenes son ciudadanos del planeta. Se mueven con fluidez en otro idioma, en tecnologías de punta, en el trabajo colaborativo y en la búsqueda de soluciones. Dicho de otra manera, los estudiantes que se desarrollan en el Marco de la EpC, más allá de temas, desarrollan las habilidades que la sociedad del siglo XXI requiere.
Es importante visualizar y dinamizar estos procesos en los educandos, pero más allá del entendimiento consecutivo y práctico del estudiante se hace necesario que los docentes realicen un acto de introspección en su labor y logren modificar el paradigma educativo del cual provienen, esto con el fin de engranar adecuadamente la relación ( binomio- educativo) que carece de efectividad dentro de los contextos actuales en los cuales se mueven las diferentes sociedades.
Oscar Gracias por tu comentario. Efectivamente el trabajo grueso está en que los docentes resignifiquen su propio quehacer educativo; éste es el camino y la llave para iniciar transformaciones sociales de fondo.