Han sido ya varios los años transitando por el Marco de Enseñanza para la Comprensión, Proyecto “Zero” de la Universidad de Harvard, y con cada nueva investigación que surge de ella, con cada nueva experiencia que acompaño y con cada reflexión sobre mis propias prácticas docentes y de investigación, más la encuentro pertinente para los ciudadanos de este siglo.
Por lo anterior, presento en varias entregas algunas reflexiones en torno a este Marco educativo. Esta es la entrega 4.
Rodolfo Alberto López Díaz.
Respecto a los ambientes de la comprensión
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El manejo de los ambientes es fundamental en la EpC. En tal sentido, la disposición física del salón es una primera forma de generar una actitud significativa (tanto en docentes como en estudiantes) frente a la comprensión; así, las mesas y asientos están dispuestos en círculo. Esto quiere decir que la manera de relacionarse en el aula será distinta: más móvil, horizontal, participativa y dinámica. Las filas en estricto orden vertical (aunque en algunos momentos son necesarias) ya no son lo más importante. En similar condición, la disposición de los utensilios siempre está a mano: los libros, los computadores personales, los videos, la biblioteca y demás apoyos didácticos forman parte del círculo pues constituyen insumos básicos para mirar, tocar y usar. En otros términos: el aula es un laboratorio de la comprensión que se fundamenta en el diálogo. Diálogo entre compañeros, entre compañeros y docente, entre personas y tecnologías, entre la escuela y la sociedad en general.
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A la par de los espacios físicos y en la misma opción por lo circular, propio de la EpC, están los ambientes de aprendizaje. Así el círculo concentra la comprensión: circula una pregunta o hipótesis de la que se deriva el trabajo colaborativo, circulan las interpretaciones y los problemas, circulan las redes sociales y académicas y los portales web de calidad, circulan lecturas y escrituras… y finalmente, circulan todas las producciones hechas en clase. No todo debe ser silencio, dictado y repetición mecánica. Éstos dispositivos en la EpC son desplazados por una planeación y un orden abierto más que cerrado; orden abierto que connota que se lee, discute, observa, pregunta, interpreta, argumenta y lleva a la búsqueda de consensos. No olvidemos que este orden de lo abierto está en directa relación con los ámbitos sociales y laborales en los que las nuevas generaciones deberán interactuar. Se trata, pues, de enseñar cómo vivir mejor, con sentido y ética, en los nuevos escenarios del siglo XXI desde el hoy, desde el aula de clase.
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Parte del orden abierto postulado en la EpC, está el trabajo cotidiano con las tecnologías de punta. Cada una de éstas es una parte constitutiva de la comprensión; están ahí y se las utiliza, especialmente, para obtener información, comunicarse e interactuar con personas de distintos lugares. Los sistemas de navegación, blogs, redes de investigación, portales y webquest, entre otros, permiten a las nuevas generaciones acceder a información actualizada, tener diferentes puntos de vista de un asunto, relacionarse con otras personas que tienen intereses académicos semejantes y ante todo aprender a usar con criterio la información que el mundo actual dispone. Ya no resultará extraño, desde esta idea, asumir a la par de los libros y los videos plataformas académicas en las aulas. En tal sentido es imprescindible que el docente esté al tanto de estas mediaciones, las sepa aplicar y guie a los estudiantes para su adecuada utilización.
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La aldea planetaria bien puede ser una analogía para entender los ambientes del aula en la EpC. Se trata de dialogar con los compañeros, con los docentes y con los padres de familia, por supuesto, pero también con estudiantes de otras instituciones y compartir lo que se está haciendo en el aula. En este Marco resulta cotidiano relacionarse con otras instituciones y estudiantes que tienen experiencias educativas paralelas a lo que se está elaborando en el salón de clase. Igualmente lo que se hace en clase se comenta y explica a los compañeros de otros cursos o niveles y cada cierto tiempo se invita a los padres de familia a conocer y compartir las producciones y hallazgos de sus hijos. El aula es el primer paso pero la comprensión no se limita a ella.
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Un aspecto más en este sentido: la visibilización del pensamiento, eje de la EpC, lleva a que el ambiente de la institución educativa y del aula estén siempre en función de evidenciar qué se piensa, por qué se piensa así, qué se aprende de lo que se piensa y cómo se puede pensar con mayor criterio, criticidad y creatividad. Por ello es frecuente el uso de preguntas retadoras, hipótesis desafiantes, procesos de elaboración cada vez más complejos y, en la base de todos ellos, la metacognición: cómo hicimos y qué aprendimos de lo que hicimos. Hacer visible el pensamiento es sacar a flote los procesos de cognición internos, esos que hacen posible la comprensión. Aunque no es fácil y estamos apenas iniciando tal sendero, lo cierto es que docentes y estudiantes nos proponemos todo el tiempo, al menos: observar, describir, preguntar, contrapreguntar, explicar e interpretar con evidencias, establecer conexiones, referenciar diversos puntos de vista y captar lo esencial desde la complejidad.