Carta breve a un maestro…

Rodolfo Alberto López Díaz.

Tenía manos fuertes y grandes. Esas manos guiaron mis pasos por esta vida. Me llevaba los sábados a caminar por la carrera séptima de Bogotá: íbamos al edificio de Avianca a revisar el correo (a la manera de El coronel no tiene quien le escriba), luego a tomar algo en la Librería Nacional… Caminaba de prisa y yo seguía torpemente sus pasos, siempre hablando de historia, de política, de literatura. Yo lo escuchaba  maravillado y por sus palabras lúcidas y abundantes y por sus gestos sagaces  llegó el mundo a mí. Tenía ojos astutos y en muchas tardes, de esas manos grandes y fuertes salían libros que me entregaba. Hablaba de la fuerza de la voluntad, de la grandeza del alma humana… Hablaba del Quijote, de Bolívar o de los liberales radicales del siglo XIX.

Me enseñó cómo leer y me leía sus escritos. Me hablaba de que educar, en esencia,  es enseñar a pensar y a hacer posible la libertad y la dignidad de todos. Me enseñó que en la literatura está el alma de los pueblos y que en la escritura habita el espíritu  de quien escribe. Más que normas o discursos me dio alas; más que preceptos me enseñó con el ejemplo. De él aprendí que un maestro es quien vive y trabaja por  forjar mejores seres humanos; con él comprendí que los métodos deben llevar a la reflexión, al diálogo y a la creación. A hoy, ha sido el mejor maestro que he tenido. Si existe otra vida, ojala podamos volver a conversar.

Se llamaba Francisco… y era mi padre.

5 Comentarios

  1. hermoso texto para estos dias en los que los padres aveces por ignorancia queremos delegar nuestras responsabilidades con nuestros hijos a sus maestros ignorando intencionalmente que somos los padres los primeros y unos de los mejores maestros de nuestros hijos

  2. Esa situación no la viví nunca. Mi padre, aunque lo quiero mucho, no me brindó esas experiencias; lo que me motivó a educar a mis hijos con ese antiejemplo. Hoy le doy las gracias a mi padre, por no haberme leído nada. Si lo hubiera hecho, tal vez no amaría tanto las letras como lo hago ahora.

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