Tenía manos fuertes y grandes. Esas manos guiaron mis pasos por esta vida. Me llevaba los sábados a caminar por la carrera séptima de Bogotá: íbamos al edificio de Avianca a revisar el correo (a la manera de El coronel no tiene quien le escriba), luego a tomar algo en la Librería Nacional… Caminaba de prisa y yo seguía torpemente sus pasos, siempre hablando de historia, de política, de literatura. Yo lo escuchaba maravillado y por sus palabras lúcidas y abundantes y por sus gestos sagaces llegó el mundo a mí. Tenía ojos astutos y en muchas tardes, de esas manos grandes y fuertes salían libros que me entregaba. Hablaba de la fuerza de la voluntad, de la grandeza del alma humana… Hablaba del Quijote, de Bolívar o de los liberales radicales del siglo XIX.
Me enseñó cómo leer y me leía sus escritos. Me hablaba de que educar, en esencia, es enseñar a pensar y a hacer posible la libertad y la dignidad de todos. Me enseñó que en la literatura está el alma de los pueblos y que en la escritura habita el espíritu de quien escribe. Más que normas o discursos me dio alas; más que preceptos me enseñó con el ejemplo. De él aprendí que un maestro es quien vive y trabaja por forjar mejores seres humanos; con él comprendí que los métodos deben llevar a la reflexión, al diálogo y a la creación. A hoy, ha sido el mejor maestro que he tenido. Si existe otra vida, ojala podamos volver a conversar.
Docente universitario, investigador y ensayista. Áreas de énfasis: Lecturas y escrituras, Educación para la comprensión y Modelos educativos. Asesor y consultor en Enseñanza para la Comprensión y en Didácticas para el desarrollo del pensamiento crítico y la educación ética.
Ver todas las entradas de Rodolfo Alberto Lopez Díaz
5 Comentarios
hermoso texto para estos dias en los que los padres aveces por ignorancia queremos delegar nuestras responsabilidades con nuestros hijos a sus maestros ignorando intencionalmente que somos los padres los primeros y unos de los mejores maestros de nuestros hijos
Esa situación no la viví nunca. Mi padre, aunque lo quiero mucho, no me brindó esas experiencias; lo que me motivó a educar a mis hijos con ese antiejemplo. Hoy le doy las gracias a mi padre, por no haberme leído nada. Si lo hubiera hecho, tal vez no amaría tanto las letras como lo hago ahora.
hermoso texto para estos dias en los que los padres aveces por ignorancia queremos delegar nuestras responsabilidades con nuestros hijos a sus maestros ignorando intencionalmente que somos los padres los primeros y unos de los mejores maestros de nuestros hijos
Leydi gracias por tu comentario el cual comparto plenamente.
Los padres….grandes maestros en todo sentido….desde el devenir hasta el porvenir….incluso en la búsqueda de la felicidad en medio de la infelicidad.
Efectivamente esos son los padres y gracias por tu comentario.
Esa situación no la viví nunca. Mi padre, aunque lo quiero mucho, no me brindó esas experiencias; lo que me motivó a educar a mis hijos con ese antiejemplo. Hoy le doy las gracias a mi padre, por no haberme leído nada. Si lo hubiera hecho, tal vez no amaría tanto las letras como lo hago ahora.