A todos en algún momento de nuestra vida escolar o universitaria, se nos ha pedido escribir un ensayo. Entre la tortura, la adivinación o la espera por la musa, fueron corriendo los intentos, algunos afortunados, otros…para olvidar. El hecho es que la escritura no debe ser, en absoluto, un acto de suplicio, magia o inspiración; no debe ser, tampoco, una suerte de juego a ver a qué profesor califica “menos duro”. La escritura es un ejercicio del pensamiento que requiere estrategias adecuadas para hacerlo efectivo y significativo, pues escribir no sólo moldea las ideas; talla, en esencia, toda la vida personal.
Por esta razón es que los docentes deberíamos establecer unas ciertas pautas comunes respecto a procesos y productos escriturales, independientemente del nivel educativo o disciplina que desarrollemos. Sobre esta premisa, sugiero leer dos textos breves de este mismo blog (“Para escribir un ensayo…la preescritura”, y “Para escribir un ensayo…La escritura”) y darnos a la tarea de elaborar algunas estrategias didácticas mínimas previas para que los educadores, en tanto comunidad que promueve el desarrollo humano, apuntemos con mayor eficiencia a hacer de la escritura un derecho y un ejercicio de la individualidad, el pensamiento y la ciudadanía.
La condición didáctica que considero previa es la de enseñar a escribir en lugar de mandar a escribir. Veamos.
Posiblemente la actividad más frecuente que llevamos a cabo los docentes cuando se trata de ensayos, es la de “mandar a escribir”, asumiendo que los estudiantes ya saben qué es un ensayo y cómo se escribe. Tal falacia supone, de entrada, una cierta displicencia o sobreentendido -que los estudiantes saben escribir ensayos y que los procesos de pensamiento en ellos están adecuadamente maduros para asumir esta tipología argumentativa- y entonces la labor docente se enfoca en indicar el tema, la extensión y la fecha de entrega. Considero que, precisamente, este tipo de práctica de los maestros es la que más daño ha hecho para generar procesos sólidos de producción escrita; en la escritura no debe suponerse nada: por el contrario, siempre es menester partir de los presaberes y de las condiciones cognitivas y procedimentales previas; indagar tales aspectos es nuclear para desarrollar una genuina educación en la escritura.
Entonces, lo primero será indagar en los estudiantes qué se sabe del ensayo, qué ensayos han leído, cuáles consideran buenos ensayos y por qué y por medio de escrituras breves –uno o dos párrafos explicativos o argumentativos- buscar los indicios que nos lleven a precisar un cierto “estado del arte” antes de dar el segundo paso. Esta tarea exige tiempo, actitud de acompañamiento y reflexión permanente con los discentes.
El segundo paso será leer con ellos algunos ensayos modelos. Leerlos en voz alta –esto nos anuncia los niveles de comprensión textual de los jóvenes o adultos- y luego por grupos hacer una especie de análisis de la lógica de composición –al estilo de Edgar Allan Poe en su ensayo “Filosofía de la composición” (en Edgar Allan Poe, Ensayos y críticas, 1973, Madrid: Alianza). Aquí, se trata de “desarmar” un ensayo breve: cómo inicia, cómo se desarrolla y cómo concluye; a qué tipos de argumentos apela, cómo emplea los conectores y la puntuación…Al menos mirar y “tocar” de propia mano estos aspectos en un ensayo modelo dará pistas significativas a los alumnos cuando se pase al tercer momento.
A la par de desarmar un ensayo, de encontrar su lógica interior, las bases de su arquitectura, los docentes estaremos en la capacidad de ver qué procesos de pensamiento son cercanos a los estudiantes, cuáles se les dificultan y qué procedimientos de análisis y composición textual tienen como fortalezas y cuáles están en su zona de desarrollo próximo. Este breve diagnóstico educativo –tan indispensable en todo acto formador- nos permitirá entablar el tercer momento con mayor pertinencia e ir desarrollando, independientemente de la elaboración de ensayos, un trabajo cognitivo y procedimental permanente y secuencial con los alumnos.
El tercer momento será ya, propiamente, la Preescritura, y para ello remito, nuevamente y en este mismo blog, al texto Para escribir un ensayo…la preescritura.
Docente universitario, investigador y ensayista. Áreas de énfasis: Lecturas y escrituras, Educación para la comprensión y Modelos educativos. Asesor y consultor en Enseñanza para la Comprensión y en Didácticas para el desarrollo del pensamiento crítico y la educación ética.
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Excelentes rutas….continúa la puesta en práctica.
Gracias y que te sea de utilidad.