Parece ser un sino profético que el destino de pensadores y escritores lúcidos, críticos y valientes, como Mario Vargas Llosa, sea el de advertir lo obvio y el de ser desatendidos. Su gran ensayo La civilización del espectáculo (Bogotá, Alfaguara, 2012), ya anotaba entonces lo que hoy es norma y ley.
A manera de homenaje a él y sobre todo de invitación a leerlo, presento algunas ideas de este excelente libro.
- La cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días a punto de desaparecer. (p.13).
- La distinción entre precio y valor se ha eclipsado y muchas cosas son ahora una sola, en la que el primero ha absorbido y anulado al segundo. Lo que tiene éxito y se vende es bueno y lo que fracasa y no conquista es malo. El único valor es el comercial. La desaparición de la vieja cultura implicó la desaparición del viejo concepto de valor. (pp.31-32).
- ¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. (p. 33).
- Cuando la idea de cultura torna a ser una amalgama semejante es inevitable que ella pueda ser entendida, apenas, como una manera agradable de pasar el tiempo. Desde luego que la cultura puede ser también eso, pero si termina por ser sólo eso se desnaturaliza y se deprecia: todo lo que forma parte de ella se iguala y uniforma al extremo de que una ópera de Verdi, la filosofía de Kant, un concierto de los Rolling Stones y una función del Cirque du Soleil se equivalen. (p.35-36).
- La literatura light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector al espectador de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con un mínimo de esfuerzos intelectual. De este modo, esa cultura que se pretende avanzada y rupturista, en verdad propaga el conformismo a través de sus manifestaciones peores: la complacencia y la autosatisfacción. (p.37).
- El vacío dejado por la desaparición de la crítica ha permitido que, insensiblemente, lo haya llenado la publicidad, convirtiéndose ésta en nuestros días no solo en parte constitutiva de la vida cultural sino en su vector determinante. (p.38).
- Cuando una cultura relega al desván de las cosas pasadas de moda el ejercicio de pensar y sustituye las ideas por las imágenes, los productos literarios y artísticos son promovidos, aceptados o rechazados por las técnicas publicitarias y los reflejos condicionados de un público que carece de defensas intelectuales y sensibles para detectar los contrabandos y las extorsiones de que es víctima. (p.38).
- Masificación es otro rasgo, junto con la frivolidad, de la cultura de nuestro tiempo. (p.39).
- Pero a pesar de esas variantes y hasta nuestra época, cultura siempre significó una suma de factores y disciplinas que, según amplio consenso social, la constituían y ella implicaba: la reivindicación de un patrimonio de ideas, valores y obras de arte, de unos conocimientos históricos, religiosos, filosóficos y científicos en constante evolución, el fomento de la exploración de nuevas formas artísticas y literarias y de investigación en todos los campos del saber. (p.65).
- (…) La cultura es, como decía T.S. Eliot, “todo aquello que hace de la vida algo digno de ser vivido”. (p.70).
- Porque cuando la religión y el Estado se confunden, irremediablemente desaparece la libertad. (p.99).
- La cultura no depende de la política, no debería en todo caso, aunque ello es inevitable en las dictaduras, sobre todo las ideológicas o religiosas, en las que el régimen se siente autorizado a dictar normas y establecer cánones dentro de los cuales debe desenvolverse la vida cultural, bajo una vigilancia del Estado empeñado en que ella no se aparte de la ortodoxia que sirve de sostén a quienes gobiernan. El resultado de este control, lo sabemos, es la progresiva conversión de la cultura en propaganda, es decir, en su delicuescencia por falta de originalidad, espontaneidad, espíritu crítico y voluntad de renovación y experimentación formal. (p.129). (Atención en Colombia con esto. Este comentario es mío).
- En una sociedad libre la acción de los gobiernos está fiscalizada por el Congreso, el Poder Judicial, la prensa independiente y de oposición, los partidos políticos, instituciones que, desde luego, tienen todo el derecho del mundo a denunciar los engaños y mentiras a los que a veces incurren ciertas autoridades para encubrir acciones y tráficos ilegales”. (p.154). (Atención en Colombia con esto. Este comentario es mío).
- Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer “La guerra y la paz” o el Quijote. A costumbrados a picotear información en sus computadoras, sin necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado de cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando la gran literatura”. (p.211).
Espero que el anterior acopio de algunas de las ideas de este libro sea, repito, la invitación a leer a Vargas Llosa. La fiesta del pensamiento y de la buena escritura aquí se unen. A lo mejor esta remembranza del premio nobel peruano sirva para que nos resistamos ante el facilismo de las lecturas light y la primacía del divertimento obtuso y podamos salir de una buena vez del mariposeo cognitivo al que nos someten las redes sociales. Ojalá, por qué no, vayamos a los grandes pensadores, a las obras venerables de la gran cultura, que nos defienden del aborregamiento. Quién sabe, por qué no, la educación no siga cediendo tanto terreno.
….
A propósito, una coletilla. Como le digo a mis estudiantes: ¿quieren ser buenos lectores, incluso ser lectores críticos y escribir mejor? Pues ni modo: lean a buenos escritores. Este es uno de ellos.