Pintura: Duelo a garrotazos. Francisco de Goya. 1820-1823.
Bogotá, Colombia, a 20 de marzo de 2025.
Señor presidente:
Atento saludo. Con todo el respeto que su humanidad y cargo me dispensan, deseo escribirle unas letras en calidad de ciudadano y educador. La intención que me anima a hacerlo es muy simple: expresar algunas inquietudes e ideas sobre la crisis que vivimos para, en lo posible, vivir un poco mejor en nuestro país. Sí: es mejor una prudente esperanza que un arrasador pesimismo.
Uno de los mayores privilegios que puede asistir a un hombre en una sociedad democrática es ser elegido para orientar y proteger a esa misma democracia que lo ha electo. Ser presidente de una nación entraña muchos privilegios pero ante todo enormes responsabilidades. Ud. Ha sido designado como primera autoridad en el juego de la democracia y como toda democracia, las comprensiones y propuestas son amplias y plurales, lo que confirma que gobernar, que saber gobernar, es poder dialogar, debatir y confirmar acuerdos que se concreten en función del bien mayor que es, en nuestro caso, la vida, seguridad y prosperidad de 50 millones de ciudadanos. Saber dirigir, saber gobernar, saber orientar, conducir a una sociedad, viene a ser ante todo cuestión de un sabio liderazgo. Acudo, pues, al líder que representa a 50 millones de colombianos.
Lo primero que me atrevo a manifestar es que liderar requiere de la serenidad de espíritu. En medio de un mundo que tiene los altavoces prendidos todo el tiempo, ruidos asfixiantes, terremotos de información y aceleración exaltada y vertiginosa, lo urgente, indispensable y vital hoy, para todos pero más para quienes son cabeza de sociedades, es la quietud, el silencio y la serenidad. Solo en la pausa y el sigilo se procesan las ideas y formalizan las propuestas. Primero oídos a toda la buena y mala polifonía que nos asedia, luego tomamos distancia y ya en el apartamiento, respirando con pausa, sereno el pulso y sopesadas, muy tanteadas las ideas, decidimos. En esto, creo, la escritura nos cae de perlas. Cómo precisamos de adultos que nos modelen esta virtud.
Consecuencia de lo anterior es la exigencia de cuidar las palabras. Sosegar el lenguaje. Desde las redes hasta los medios de comunicación abundan la insensatez y la descalificación. Creemos ser muy críticos al denostar sin pudor de todo aquél que piense distinto a nosotros y el lenguaje, lo sabemos pero lo olvidamos, cuando no da vida mata. En nuestra Colombia de hoy hemos ido transitando de hablar a balbucear rabias, rencores y odios. El lenguaje es esa herramienta que nos hace humanos por excelencia pero también más inhumanos cuando no lo cuidamos. Deberíamos como sociedad hacer el ejercicio de sustancializar más que adjetivar nuestro discurso; de subirle a los argumentos, a las evidencias y a los programas sólidos y bajarle el volumen a los gritos y los alaridos. La violencia verbal se ha tomado nuestras calles y campos.
Y por supuesto, tal hemorragia verbal en esencia expresa la desazón, la confusión y el caos emocional. Las emociones y no la razón gobiernan al paradójicamente al llamado homo sapiens. Mejor sería, pues, tildarnos de homo affectus. Somos hombres de lenguaje y es en el lenguaje en donde se nos cuelan todas las emociones; tanto las tristes y destructivas como las cálidas y propositivas. Entonces, ni modo, nos corresponde a todos, y especialmente a los líderes, padres y educadores, reconocer nuestras emociones y aprender a dirigirlas propositivamente. Y ello se puede lograr no con decálogos o doctrinas vacías sino con el ejemplo diario. Cotidianamente evaluar cómo sentimos y emocionamos frente a algo o a alguien y transitar de emociones tristes a emociones más cálidas, o al menos no dejarnos gobernar, a la manera de los viejos estoicos, por la pulsión.
Algo más señor presidente. Opino que es determinante para todos respetar las reglas. La vida en sociedad es un conjunto de normas necesarias para la convivencia. Esa es la primera llamada de atención que nos hacen en el hogar y la educación. Para eso inventamos las leyes. Si decidimos participar en la partida que sea, los límites claros son capitales. Sin estos el juego se acaba y sobreviene la horda. Es que los humanos, por aquello de las emociones, somos demasiado propensos a la primacía de nuestros deseos e intereses y siempre nos la ingeniamos para darle largas a las pautas y los pactos. No olvidemos que en el imperativo de la convivencia humana, la menos peligrosa de todas las normas es la democracia. Cuidarla nos exige refrenar impulsos y ajustarnos a eso mismo que nos ha puesto en donde estamos.
De la democracia, especialmente de aquella vieja e imperfecta de los antiguos griegos, se nos ha legado el ágora y el logos. En ella, la obligatoriedad de ser ciudadano estriba en atender los asuntos públicos y debatirlos de la manera más razonada, argumentada y sólida posible con esos otros ciudadanos, iguales en calidad, derechos y deberes. La democracia es tensión argumentada y dialéctica negociada. Y sus reglas supremas son el voto y el congreso: allí está la verdadera mayoría, con lo bueno y lo malo. Esos son el canon supremo; la ley de leyes, y lo son porque nos asegura que podamos seguir conviviendo. En tal sentido, cuando se es presidente de un país con sistema democrático no se gobierna para la tribu o los cercanos sino para todos. Incluso para esos que piensan distinto.
Finalmente, señor presidente, quienes habitamos este mundo tenemos la responsabilidad ética de vivir de la mejor manera posible y de enseñarle a las nuevas generaciones a preservar lo bueno y transformar lo malo. Especialmente en Colombia tenemos hoy la oportunidad de oro para resguardar las mejores conquistas y derrocar las peores. Cada uno de nosotros solo es brevedad y olvido; qué mejor entonces que aportar un granito de arena para que el país que nos sobrevivirá y sus nuevas generaciones puedan vivir bien y no solo sobrevivir.
Es cierto. Estoy convencido que esta carta no llegará a Ud. Pero he ejercido el mayor deber de un hombre y de un ciudadano, que es el de la no indiferencia.
Cordialmente,
Rodolfo Alberto López Díaz.