La nave de los locos. El Bosco. 1503-1504, aproximadamente.
Este título corresponde a un libro que está en proceso de elaboración. Además de los ya publicados (Pensar nuestra educación. Reflexiones en torno a educación, convivencia, lectura y escritura en Colombia. Bogotá: Unisalle–Ecoe. 2018, reseñado en este mismo blog en el enlace https://wordpress.com/post/pensamientoycomprension.wordpress.com/1169, y, Manual del pensamiento crítico. Reflexiones, estrategias y matrices de valoración para su desarrollo desde la lectura y la escritura», Editorial Magisterio, Bogotá, 2021, y comentado en este blog en https://wordpress.com/post/pensamientoycomprension.wordpress.com/1260), el que está en cocción, como otros dos más, es un esfuerzo de escritura pausada. Esta, como el buen pensar, se cocina a fuego lento. Pero lo importante acá es presentar algunas ideas y líneas sobre uno de los grandes males que nos agobian, muy especialmente a la humanidad de estos tiempos: la insensatez, es decir, la ausencia o negación de criterio, moderación, juicio o reflexión analítica para pensar y actuar tanto en lo personal como en lo colectivo.
Basta con ver y escuchar el diario acontecer, los medios de comunicación masiva, las redes y a los más connotados “líderes actuales” así como a sus adoradores y guardias pretorianas para corroborar que la epidemia más difundida hoy es el fanatismo, es decir la carencia de pensamiento crítico. Sentirse miembro de una tribu más allá de sus fundamentos, finalidades, razones y acciones; emocionar y opinar sin información ni sustento; asumir nuevas y viejas victimizaciones y revanchismos y expectorar a diestra y siniestra narrativas (como las llaman ahora) de confusos e inconexos ideologismos resultan síntomas evidentes de la enfermedad. No es nada nuevo, repito, pero cuando se torna en la forma cotidiana, normal y correcta de ser y vivir pues la cuestión ya pasa de castaño a oscuro. Solo con observar con algo de atención y escuchar con mínimo cuidado los gestos, acciones y narrativas de “líderes” como Trump, Putin, Kim Jong-un, Netanyahu, Daniel Ortega, Nicolás Maduro o Gustavo Petro, entenderemos que la insensatez nos gobierna. Por ello La nave de los locos, de el Bosco, nuevamente, pueda ser una lúcida alegoría de los días que corren.
Sin embargo, esa nave aún tiene esperanza de redirigir su destino. Como siempre, la educación, especialmente en el pensamiento crítico, venga a ser un salvavidas. En los libros arriba mencionados y en muchos de los escritos de este mismo blog, abogo con insistencia en que pensar con criterio es la urgencia y deber prioritarios en la formación humana. Las raíces de una sociedad humana más ética y democrática encuentran en la educación del pensamiento crítico sus mejores abonos. Desde el hogar hasta las más altas instituciones de una sociedad deberían enfocarse sin descanso en practicar al menos cinco condiciones básicas de este pensamiento crítico.
Informarse, es la primera y la fundacional de las siguientes. Pasa por enterarse de los acontecimientos; por conocer personas, eventos y datos que nos rodean y que de alguna manera influyen en nuestras vidas y en las de nuestra sociedad. Informarse es tener acceso a diversas miradas sobre lo que nos rodea. Analizar, en un segundo momento, quiere decir ordenar, distinguir y estudiar la información. Separar un bloque de datos para comprender sus causas, consecuencias, finalidades e impactos. Evaluar, por su parte, corresponde a considerar la validez, insuficiencia o parcialidad de algo o alguien con base en criterios claros y sobre ello, cuarto aspecto del pensamiento crítico, asumir una Posición propia y argumentada; pensar por nosotros mismos, con claridad, coherencia y evidencias. Finalmente, darse a la difícil condición de Dialogar con razones y argumentos. Abrirse a los otros para escuchar, preguntar, analizar, evaluar y, reiteradamente, expresar los puntos de vista constituidos o renovados, precisamente, a partir del mismo diálogo.
Claro. Esas condiciones mínimas advierten que pensar bien requiere de tiempo, condiciones, estrategias, modelos y maestros que acompañen tal saga. En medio de la selva de noticias, tendencias, posverdades, personajes de toda índole y hechos sobre hechos que van vienen, la pausa y la sensatez se tornan en valores supremos para la supervivencia y el mejor vivir posible. Por lo mismo, las instituciones educativas y los maestros y maestras deberíamos concentrarnos en eso del pensamiento crítico; servirnos de buenas preguntas, lecturas e hipótesis así como de la historia, la filosofía, la literatura, la investigación y los debates para forjar carácter y criterio en las presentas y nuevas generaciones. No podemos ser bocado fácil de líderes alucinados y de bodegas febriles ni volvernos pasivamente su carne de cañón. Educar es pensar y enseñar a pensar. Este es el reto de quienes educamos y la educación -o reeducación- inicia con nosotros mismos.