Las que siguen son ideas para pensar una didáctica de la escritura. Borrones de lo que pueda, mas tarde acaso, traducirse en una figuración educativa de cómo enseñar a escribir. Al ser trazos, están concebidos como jirones de reflexión para alimentar estrategias en quienes enseñan escritura (creativa o académica) o se aproximan a hacerlo en espacios académicos llamados talleres de redacción o creación, seminario de lecto-escritura, clase de español y literatura o clase de comprensión y producción de textos, por nombrar uno pocos.
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1. La observación
Escribir requiere en primera instancia de la capacidad de observación, sentido que debe estar potenciado y llevado a un lugar de privilegio para el caso de la escritura. Enseñar al otro a detener la mirada cada vez con mayor detalle en objetos o eventos, ir a las minucias, bordear, rodear, merodear lo que se ve; sitiar aquello que simplemente pasa ante los ojos. Observar es hacer conciencia de que algo o alguien está delante de mí, que tiene su propia naturaleza y que sus características son únicas, particulares. Guardar y conservar son sus raíces latinas. Se trata, pues, de concentrar el ojo en algo y quedarse frente a él, con vigilancia de enamorado y por un buen tiempo, atento a cada mínimo aspecto, movimiento o pliegue. Observar, en estos términos, requiere de silencio, apartamiento, dominio del cuerpo y concentración (estas condiciones, valga decirlo, igualmente son indispensables para la comprensión lectora). La observación es el principio de la reflexión aguda y por lo mismo el poeta y el investigador se dedican con profundo celo a ella. Escribir, si se quiere, es el testimonio de una observación.
Ejemplo 1:
La alcachofa
de tierno corazón
se vistió de guerrero,
erecta, construyó
una pequeña cúpula,
se mantuvo
impermeable
bajo sus escamas,
a su lado
los vegetales locos
se encresparon,
se hicieron
zarcillos, espadañas,
bulbos conmovedores,
(…).
Pablo Neruda. Oda a la alcachofa, en Odas elementales.
Ejemplo 2:
“Durante nuestra permanencia observé las costumbres de algunos animales marinos. Abunda una Aplysia de gran tamaño. Este nudibranquio tiene unos trece centímetros de largo y es de un color amarillento sucio, veteado de púrpura. En cada lado de la superficie inferior, o pie, lleva una ancha membrana, que en ocasiones parece obrar como un ventilador, haciendo pasar una corriente de agua por las branquias o pulmones dorsales. Se alimenta de las algas finas que crecen entre las piedras, en agua cenagosa poco profunda” (…).
Charles Darwin. Fragmento tomado de Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo. En el navío de S.M. , Beagle.
Algunas actividades para animar la observación:
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Observar con detenimiento, entre otros, los bocetos que elaboraba Miguel Ángel sobre el cuerpo humano (uno de ellos precede esta entrada).
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Promover ejercicios diarios de observación de un mismo evento u objeto, ojala muy cotidiano. Se trata, con esto, de forzar la mirada para encontrar en el evento u objeto lo común y lo que en él varía. Posteriormente se puede solicitar hacer una caracterización oral o escrita con énfasis en adjetivos. Con esto se enseña a mirar más allá de lo que se ve y a caracterizar más que juzgar.
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Establecer semejanzas y diferencias en los dos ejemplos arriba citados y sobre ello establecer una especie de decálogo de la observación que sirva por igual a escrituras literarias, académicas o cientificas.
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Identificar un evento de interés colectivo y buscar cómo ha sido caraterizado por diferentes personas o medios, así se podrá determinar cuáles de las observaciones son más decriptivas y cuáles más.
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Leer regularmente con los aprendices de escritura entradas de un diccionario especializado; por ejemplo, un diccionario sobre tipos de embarcaciones.
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Observar y describir las diferencias entre dos tonos de un mismo color. Por ejemplo: del color rojo, caracterizar los tonos bermellón, encarnado, escarlata, fucsia y granate (recordemos que este color tiene al menos 150 tonos cromáticos disímiles).
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Finalmente, sería apropiado elaborar un párrafo breve ene el que se describa, con el mayor detalle posible, una prenda de vestir (material, color, tono, volumen, tamaño, espesor, tipos de tejido…).
Algunos criterios para valorar la observación:
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Actitud corporal y especialmente visual que exprese concentración en un objeto o evento por cierto tiempo.
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Capacidad, en quien observa, de mantener la atención pese a los ruidos del entorno. Mantenerse incólume.
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Silencio atento: durante la observación no emitir ningún tipo de comentario.
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Nivel de detalle de la observación (oral o escrita). La idea es que mientras más se caracterice la cosa en sí y menos se emitan juicios o interpretaciones sobre lo que se cree que la cosa es, mejor será este criterio.
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Riqueza léxica. A mayor educación de la observación mayor será el repertorio y precisión para describir.