
La clase de danza. Edgar Degas. 1871-1874.
Rodolfo Alberto López Díaz.
Dado que la comprensión es un proceso intencionado, reflexivo, crítico y creativo que permite darle sentido y uso al conocimiento, entonces se requerirá de educarnos en ciertos hábitos para que esa comprensión se fortalezca día a día.
Un hábito, en términos de Corripio (1985), es entendido, entre otras acepciones, como uso, estilo, usanza, costumbre, rutina, comportamiento, modo, manera, pericia, experiencia, ejercicio, práctica, repetición, conocimiento, habilidad, destreza, veteranía, conducta, insistencia, amoldamiento. Lo importante de esta amplia variedad de entradas, es que apunta a una forma particular de conocimiento producto de una actividad repetida. Y se quiera o no, todo acto educativo selecciona unos hábitos y desecha otros.
Para el caso de una educación centrada en la comprensión, considero, los siguientes deberían ser algunos hábitos capitales.
1. Un hábito en mi concepto indispensable para educar las vivencias y el pensamiento, es el de la observación. Observar quiere decir enfocarse, detenida y detalladamente, en un objeto o situación. Observar es aprender a diferenciar, a restar, a quedarse con una parte para, luego, relacionarla con el todo. La observación consiste en desarmar las piezas que configuran algo; aguzar los sentidos para identificar y describir pormenores, detalles, minucias, y luego pasar a las redes, a las relaciones, a las totalidades. Quien se instruye en la observación, será más cauteloso y analítico. Quien observa, descubre los milagros del día a día; no sin razón, la observación es una habilidad indispensable en todo investigador. Las grandes preguntas, ciencias y revoluciones han partido de meticulosas observaciones… Qué mejor, entonces, que mantener en nuestros niños y jóvenes a través de ciertos ejercicios rutinarios de observación y descripción, ese espíritu propio de los grandes pioneros, exploradores e inventores de la humanidad.
Un maestro, ante todo, es alguien que enseña a mirar. Observar, no lo olvidemos, es la capacidad para diferenciar y luego relacionar. Si queremos una mente educada, la observación nos permitirá ver que en la aparente diversidad habita toda la unidad. Aunque nos cueste asimilarlo, la aldea es una parte del universo pero no podemos comprender al universo sin describir, parta a parte, la aldea.
2. Un hábito que llamo fundacional en todo proceso educativo, pero más especialmente en una educación centrada en la comprensión, es el de la escucha atenta. Qué necesario alimentar en el aula de clase la costumbre de escuchar activamente al docente, al compañero o a sí mismo.
Siempre deberá gestarse un territorio para escuchar al silencio, la música, la voz de los mayores o la de los grandes pensadores y artistas. Así, el aula será un conservatorio de la memoria, un foro continuo y abierto a las voces y la tradición. Escuchar es permitir que el otro, o lo otro, sea en su plenitud. Por lo mismo, para escuchar se debe dejar de lado, aunque sea por un instante, las predisposiciones, los prejuicios. Escuchar viene a ser la capacidad que busca entender y no juzgar. Quien escucha no pretende justificarse sino permitir la diversidad. En una escucha atenta se inicia una buena comprensión.
Valga decirlo: nuestra sociedad, históricamente, ha sido la del ejercicio del prejuicio, la amonestación y la censura. Si permitimos que el otro hable y se diga genuinamente, sin juzgarlo o someterlo antes de tiempo, estaremos forjando una ciudadanía verdadera. Y ello inicia en el hogar y en la escuela.
3. La pregunta informativa, a diferencia de la pregunta interpelativa, será otro hábito vertebral en la comprensión. Entiendo por pregunta informativa aquella que tiene como propósito enterarse con mayor precisión de lo dicho por otra persona. Difiere de la segunda en cuanto que no procura generar debate ni alimentar sospecha sino precisar información, indagar o completar lo que a primera vista no es fácilmente entendido.
Su enunciado sería algo así como: ¿con lo anterior, usted quiere decir que…? Este tipo de cuestionamiento es más para uno mismo que para el otro. Dado que necesito completar el cuadro de lo que se me viene diciendo, entonces solicito la información que creo que me falta. Su naturaleza pragmática busca univocidad, viene a ser un “entendámonos” o un “¿cuando hablamos de esto estamos entendiendo esto?”.
En el aula dicha pregunta ha sido lenta y silenciosamente desplazada por el “yo opino” o el “no estoy de acuerdo”… ¿pero cómo no estar de acuerdo con el otro cuando ni siquiera entendemos claramente lo que él dice? Así, la pregunta informativa viene a cubrir este bache de la comprensión. Sin exagerar, podría afirmar que al cierre de una exposición, explicación o información, ésta debería ser la primera y más importante pregunta. Así como no se puede valorar un texto sin haber entendido sus elementos básicos, tampoco se puede pasar al debate y a los juicios sin la necesaria y previa constatación de lo que se dice.
4. Una forma educada de escucha atenta es la recapitulación, que tiene su origen en el vocablo latino recapitulāre, y se refiere al resumen o recordatorio que se realiza de algo que se ha expresado de manera oral o a través de un escrito. Recapitular es la capacidad de concentrarse en lo que se ha dicho y organizarlo en palabras propias. Esta práctica es una fina capacidad para identificar algo cardinal e interpretarlo en términos personales. Cuando se aprende a recapitular, algo sustantivo se asimila. Quien recapitula se obliga a seleccionar y jerarquizar. La recapitulación es el primer paso del análisis y el fundamento de una buena argumentación.
Con este hábito, torna la memoria a su lugar indispensable en la comprensión pues nada se puede decir ni proponer sin la primaria retención de datos básicos. Por medio de la recapitulación, la acción de la memoria se constituye en soporte cognitivo.
5. Otro hábito será el de leer en el aula. Más allá del Hilo conductor, el Tópico generativo o el Desempeño de comprensión en el que nos encontremos, el contacto diario con la lectura será predominante, pues comprender es leer la vida con atención. Leer es un ejercicio que exige al cuerpo dominarse –aquietarse-, a la mente seguir un cierto orden -palabras, ideas, conceptos, tesis, argumentos, categorías-, a las emociones educarse y al discurso propio, ordenarse para que se diga mejor.
Este hábito se puede iniciar con la lectura silenciosa. Cada quien con un libro -más que con un fragmento, un resumen o una fotocopia-, para entrar en contacto directo con otra mirada del mundo. Leer ciertos autores y obras capitales, adecuadamente seleccionados por el docente según las necesidades e intereses de su asignatura, dispone a la mente, al espíritu y a la sensibilidad de manera más integradora, analítica y creativa.
Por su parte, la lectura oral permitirá compartir ciertas páginas o partes significativas. La comunidad de nuevo se reúne en torno a una palabra bien dicha; alguien lee todos escuchan. Esta rutina, bien escenificada, le permitirá, al docente, evidenciar cómo van los procesos de comprensión y escucha, y a los estudiantes, identificar fortalezas y aspectos de mejoramiento por ellos mismos.
En síntesis, la lectura en el aula provee información al docente, equilibra el mundo personal con el social, enseña a pensar desde diversas perspectivas, educa las emociones y nos torna más tolerantes.
6. Un hábito más. Escribir antes de hablar y hablar apoyándonos en ciertos esquemas o rutas escritas de pensamiento. Aquí la idea será pasar de una oralidad despreocupada y teñida de lugares comunes, a un discurso examinado, organizado y crítico. Una estrategia necesaria para madurar el pensamiento es que lo que se piensa se pase, antes de decirlo, por la escritura, para decirlo mejor. Por ello la importancia de la toma de nota, de ciertos esquemas, de algunas ayudas sencillas como una pequeña libreta, un cuaderno especial para este fin o el mismo computador. De lo que se trata es de orientar a la mente con la tecnología de la escritura para obtener de mejor manera cierto orden para clasificar, relacionar y establecer un inicio, un desarrollo y un cierre.
Un ambiente de enseñanza que cotidianamente enseña a escribir lo que se piensa, es un contexto que promueve más la reflexión que la opinión; más las ideas que las nociones. Especialmente en una sociedad como la nuestra, saturada de opiniones, improvisación y emotivismo, escribir antes de hablar viene a darle precisión al pensamiento y serenidad a la convivencia.
7. Otro hábito capital en el ejercicio de la comprensión es de la metacognición, esto es, la destreza para examinarse a sí mismo, para sopesar qué se sabe o hace y cómo se ha llegado a saber o a hacer eso.
Nuestra educación ha estado medida en los productos. Pedimos productos, entregamos productos, evaluamos y nos evalúan productos; la vida actual es de productividad pero en el meollo de todo este aparato mecánico la gran ausente ha sido la pregunta ¿y cómo hice para llegar a eso? Esto es la metacognición, que me gusta entender como la costumbre progresivamente analítica, crítica y propositiva de mirarnos en el espejo y establecer lo que ha ocurrido. Ella es, de cierta manera, una forma actual del clásico discernimiento.
Para concluir, pienso que en el cierre de una clase el hexágono de la metacognición debería estar presente: a. qué vimos hoy, b. por qué vimos eso hoy, c. qué tiene que ver eso con eso otro, d. cómo construimos conocimiento, e. qué procesos aprendimos y, f. cómo podemos hacer las cosas mejor de ahora en adelante. Sin lugar a dudas, este hexágono nos prepara para la academia y para la convivencia.
Referencia bibliográfica
Corripio, Fernando. (1985). Diccionario de ideas afines. Barcelona: Herder.
Todo lo que está planteado y muy bien explicado por el profesor Rodolfo, lo considero como el camino por el cual se debe transitar, no solamente para construir una adecuada actividad de comprensión de lectura, sino también para interpretar el entorno escolar y los sucesos y experiencias que allí se dan, todo esto enmarcado en la vida cotidiana del pedagogo.
¡Qué gran texto, profesor!
Gracias Sebastián por tus comentarios