Rodolfo Alberto López Díaz.

Juan Gris. El libro. 1911.
Hoy en día mucho se habla de la necesidad de leer y escribir. Abundan páginas sobre la necesidad de desarrollar competencias para la lectura y la escritura, son cuantiosas las investigaciones sobre los niveles de la comprensión lectora y la producción textual, cada nuevo día se plantean estrategias para significar al texto y al lector y no faltan los programas y políticas de Estado que analizan resultados locales y mundiales sobre los resultados de nuestros niños y jóvenes respecto a la cultura escrita… Pero en medio de todo este banquete especializado y sobrediagnosticado, surge una pregunta sustancial: ¿y… para qué leer y escribir?
Aquí algunas reflexiones, personales, que pueden darle respuesta a ese interrogante siempre abierto pues en esencia de lo que se trata es de llegar al fondo de la condición humana y la lectura y la escritura no son un fin sino, precisamente, un medio para ello. En otras palabras, el asunto no es de las letras en sí mismas sino de la comprensión; leer y escribir nos abren –o cierran- la comprensión sobre nuestra propia condición humana.
1.Leer y escribir son ante todo un modo de ser, más que de saber
Bien lo sabía Don Quijote: se lee para vivir de otra manera. Los libros, las páginas que se rubrican no son un fin en ellos mismos, son el cimiento para vivir de una forma crítica, comprensiva y creativa. Leer y escribir son opciones intelectuales, éticas y estéticas más que posturas meramente enciclopedistas pues quien lee -genuinamente y hasta el fondo-, se convierte en otro ser humano (perspectiva ética), piensa por sí mismo (perspectiva crítica) y propone (perspectiva estética). Al leer y al escribir se corren los velos de la complejidad que nos habita y, en esos mismos términos, se enrostra al Minotauro.
Se lee no tanto para conocer términos, fechas, acontecimientos o para citar; se lee ante todo para transitar de la información a la formación, para conocerse a sí mismo y conocer al otro, pues un texto –sea el que fuere- en su esencia es una mirada al mundo, un balcón desde donde alguien se sitúa para darle sentido o respuesta a algo. La lectura, y muy especialmente la escritura, son la conquista de la propia voz; la aventura –especialmente trágica- de responder a lo incomprensible, de remplazar el eco por la afirmación y el silencio por el diálogo.
Dado que nacemos con una historia y un nombre prestados, por medio de la lectura y la escritura hacemos de aquéllos algo propio hasta darles la tesitura más íntima, la geografía más personal. Por eso todo acto de lectura y de escritura es un acto de creación, de una parte, y de rebeldía, de otra. No nos conformamos con lo que nos ha sido dado: a lo impuesto se lo conoce y se lo reinventa. Un lector o quien escribe hace las veces de Odiseo: deberá salir de su ciudad para luego volver a ella pero con otros ojos, con otra vestidura; las cicatrices y el hablar reposado serán los testigos mudos del viaje interior. Ítaca no será verdaderamente nuestra hasta tanto no se la deje de lado y se la reconquiste. Quien lee, quien escribe, a la manera del viejo soldado griego, deberá poner en distancia la patria heredada para volver a ella de otra manera. Sólo se comprende la propia vida cuando se la pone en cuestión, en perspectiva, y se la resignifica. Por ello leer y escribir son formas de exilio y orfandad para luego, fundar el propio reino. Leer es leerse, escribir es escribirse. Quien lee, lee los signos de su tiempo; quien escribe, desteje las tramas de su momento histórico.
Por ello el primer movimiento propio de la lectura y la escritura no es el afuera sino el adentro. El libro o el párrafo elaborado son un encuentro y una batalla con uno mismo, pues son las armas que se tienen cuando algo hace “ruido allá”, en las mazmorras interiores. Dicho de otra manera, leer y escribir, en su sentido fuerte, son búsquedas del fantasma interior que nos gobierna. Si no hay preguntas sustanciales, si no hay pesquisas que nos inquieten, si no hay una Penélope o un Telémaco que nos increpen, la lectura y la escritura seguirán siendo mera decodificación, puro adorno más o menos ilustrado; mecánico ejercicio vacío y sin sentido, en última instancia. Cumplimiento y no deber propio.
Don Quijote cambia porque la lectura lo transforma. No lee para conocer más, lee para comprenderse y comprender mejor. La lectura y la escritura son una alquimia del pensamiento, una trasmutación del corazón. Por ello su objeto sustantivo no es el código escrito tanto como la vida misma. Se lee y se escribe porque no se está cómodo con la salvación prometida, porque debe haber un motivo más allá que nos permita asumir con dignidad nuestra soledad y destino.
Vistas así las cosas, el lector o el escritor trabajan sobre su propia materia; sobre sus temas, preguntas, indagaciones. La materia objeto de estudio es el sí mismo y la sociedad o el tiempo en que estamos. Al ser verbos antes que adjetivos, la lectura y la escritura nos lanzan a cuestionar, a no dar nada por sentado, a revisar, a repasar, a sopesar; una y otra son actos del puro pensamiento, de la reflexión crítica. Leer y escribir responden y son consecuencia de algo anterior a ellas que nos impulsa a sospechar, a dudar. Y aunque posiblemente no sean la receta mágica para la felicidad, al menos sí son unos de los ingredientes esenciales para preparar nuestro propio alimento espiritual.
En esta línea de reflexiones, leyendo y escribiendo desandamos nuestros propios pasos, hacemos nuestra propia arqueología, buscamos los motivos que nos dan o darán el sentido del trayecto al que hemos sido lanzados. Si se quiere, cuando se lee y se escribe, se asume la libertad de pensarse y de pensar más allá de los fines inmediatos: se lee, se escribe para ser algo más que tránsito, producto, objeto o mercancía, aunque esto nos lleve a perder el paraíso y asumir el destierro; destierro, claro, con sabor a paraíso.
2.Leer y escribir nos permiten pensar de manera reflexiva
Consecuencia de la anterior postura, sobreviene ésta. Cuando se lee y se escribe lo que ocurre es que el pensamiento se activa, pues comprender un texto o escribir una cuartilla lo que en realidad ponen en acción es nuestra manera de entender las cosas.
Leer un texto es pensar sobre lo que otro pensó; escribir, es pensar por uno mismo. Pero en uno y otro el ritmo oculto se mantiene: la lectura y la escritura son comprensiones profundas de un pensamiento en movimiento. Es gracias a la lectura y la escritura como la musculatura cognitiva se afina y robustece. Al pasar los ojos por las palabras escritas o al escribirlas lo que en realidad acontece es que mi pensamiento se piensa. La lectura y la escritura son fenomenologías de la comprensión, esto es, refracción, representación de las ideas, conceptos y métodos con los que opero en el día a día y con los que puedo transformarme y transformar.
Escribir es permanecer; leer, transitar. La escritura se asocia a la raíz, a la memoria, a la casa, a la demarcación de lo propio; leer, al viaje, al trayecto, al recorrido. La lectura es desplazamiento, relación, cambio de mirada. Quien lee se aventura al mundo. La escritura tiene implícito el rasgo de lo propio, la impronta de lo más personal, el sello de lo más subjetivo. La lectura, por el contrario, conlleva el sentido de lo Otro, de lo extranjero, de lo diferente. Quien lee, lee a otro, mira el mundo a través de otro, dialoga con otro. La mismidad caracteriza a la escritura; la otredad a la lectura. La escritura es espejo; la lectura, horizonte.
Desde la anterior interpretación, al leer se va de lo concreto y particular –palabras, párrafos- a lo abstracto y universal –ideas, conceptos, categorías, argumentos, visión de mundo. Leer denota, efectivamente, un pensamiento de tránsito, un pensamiento deambulatorio, un pensar que divaga, que rumia entre la hoja y el paisaje, entre el paisaje y la hoja, entre hojas y entre paisajes. Leer, entonces, es darle músculo, vitalidad al pensamiento dialógico, pues quien lee habla con otro; las estrategias que dejan evidencia de este ejercicio cognitivo de marcada alteridad serán, entre otras, el subrayar, glosar, relacionar, anotar, esquematizar…
Al escribir, igualmente el pensamiento deambula pero por la naturaleza misma de la escritura -raíz, hondura, mismidad-, el tránsito finalmente se afinca en la visión personal del mundo. Si en la lectura se agencia de manera especial el diálogo, en la escritura será el monólogo. Claro que una no niega a la otra pero sí es cierto que cuando se escribe ante todo no se está frente a la voz de otro –autor, narrador- sino ante la propia voz. En la lectura se aguza el oído para saber de otro, en la escritura, para saber de sí. Cuando escribo estas líneas estoy en sintonía conmigo mismo, con mis propios ecos, murmullos, luces, oscuridades, certezas o vaguedades. Si el acto de la lectura corresponde –valga la analogía- a la kinésica –diálogo con otro, movimiento entre voces-, el de la escritura será al de la proxémica: entrar en mis propias habitaciones.
Sea como fuere, el caso es que el pensamiento, como la serpiente ante Eva, se torna vigilante: merodea, otea, vigila; se metamorfosea en esquivo, incisivo, nervioso, pues leer y escribir es poner en tensión las ideas. Quien lee o escribe pasa de una actitud mental que llamo de destello, de fogonazo o pulsión -cercana a las nociones y opiniones-, a un pensamiento comprensivo: análisis riguroso de conceptos y estructuras; analogía de sentidos, proposición de argumentos. Cuando se lee y se escribe lo que en realidad sucede es que el pensamiento, casi que por alquimia mágica, se hace escéptico frente a lo dicho, vivido u oído. El pensamiento se pone en cuestión y reconfigura el mundo, por ello es un acto fuerte de comprensión.
Así las cosas, al leer y al escribir se hace -con mayor o menor intensidad, claro- una arqueología cognitiva: cómo se piensa, cómo se vive, qué se cree, cómo se cree en lo que se cree. Y esta arqueología cognitiva, para el caso de la lectura, lleva al pensamiento a discurrir, a dilatarse, a contraerse. Cuando se está frente a un texto, lo que ocurre en el lector, de fondo, es que inicia un diálogo y una valoración de otro sentido. Para el caso de la escritura, dicha arqueología cognitiva obliga a la persona a organizar, precisar, distinguir, jerarquizar y aunar ideas, experiencias e imágenes, una tras otra, bajo la dictadura del código escrito… El caso es que con la lectura y la escritura el pensamiento regresa sobre sí mismo; se pone en cuestión y se obliga a reconocerse y reconfigurarse. Por lo anterior, debiera ser esta arqueología cognitiva la que debiera imperar en los procesos de formación, de cualquier nivel o contexto.
Cerrando este numeral, una de las finalidades realmente indispensables del leer y el escribir debería ser, parafraseando a Descartes, “darle dirección al espíritu para que emita juicios sólidos y verdaderos de todo lo que se le presente” (Descartes, 2010: 63) pues finalmente el espíritu adquiere trascendencia cuando haya una forma que lo dirige. Leer y escribir vienen a ser formas para darle brillo al espíritu humano. Pasar por la escuela sin haber encontrado un método, una manera, un camino propio de pensar y de vivir -de comprender- es tanto como deambular por un paisaje con los ojos vendados.
3.Educación, lectura y escritura
Insistamos: la lectura y la escritura deberían darnos en esencia una cierta manera de vivir, un proyecto de comprensión alimentado por un método personal de pensamiento; si ellas no lo han hecho es porque en esencia han sido una herramienta básica de anestesia y adoctrinamiento más que una genuina educación. No se entiende cómo se puede sobrevivir a veintitantos años de escolaridad sin llegar a saber preguntar ni a saber investigar. Quien lee, quien escribe, debería ser hábil en eso: en interrogar y en indagar. En otros términos: el problema no es la lectura ni la escritura en sí mismas sino el sentido y uso que la educación formal les ha dado. Mientras no se piense qué tipo de “educación” es la que nos gobierna, qué fines persigue y en tanto las marcas culturales de carácter hegemónico permanezcan en las aulas y planes de estudio, al menos en América Latina, desafortunadamente el pensamiento, la lectura y la escritura seguirán secuestrados.
Ante tal situación, los agentes educativos deberían enfocarse en procesos continuos, sistemáticos y a largo plazo para enseñar la comprensión y una de sus tareas iniciales sería resignificar la finalidad y las prácticas de la lectura y la escritura. Por lo pronto, hoy día siguen vivos y campantes lectores y escritores -muchos de ellos de espaldas a las instituciones educativas-que preguntan, indagan, transforman sus vidas y comprenden mejor.
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Referencia
Descartes, R. (2010). Reglas para la dirección del espíritu. Alianza: Madrid.
Es necesario el implementar en el sistema educativo la manera correcta de trabajar sobre un texto tanto para la comprensión lectora como la producción escrita, estoy de acuerdo en que ambos campos son necesarios para la transformación que los jóvenes buscamos en la sociedad actual. El cambio inicia en las aulas de clase, es un pequeño paso hacia el cambio, ya que éste no se puede dar de manera simultanea y masiva, pero de las pequeñas cosas pueden surgir las más grandes revoluciones. La belleza de la lectura y de la mano el amor por la escritura se deben inculcar siempre desde la experiencia.
Karen, me uno a tu propuesta. El texto está muy bien escrito.
Guiándome por la experiencia propia, puedo asegurar que los procesos de lectura y escritura no son entendidos y enseñados por la comunidad educativa como deberían serlo, esto lo he visto reflejado ampliamente en la universidad. El ejercicio de leer y escribir es algo a lo que debe prestarse mayor atención, puesto que son evidentes las falencias en muchos alumnos, que leen sin comprender y escriben sin saber cómo hacerlo correctamente; es necesario dar a conocer lo que implica el saber hacer uso de estas herramientas, su aplicación y utilidad en nuestra vida, por ejemplo el simple hecho de poder pensar por sí mismo, dar una opinión sólida acerca de cualquier tema y básicamente no «tragar entero» todo lo que nos dicen, algo que es necesario en nuestra sociedad actual.
Efectivamente Vanessa, la escritura nos permite pensar por nosotros mismos y no «tragar entero». Buen párrafo el que elaboraste.
Es muy importante saber que la lectura y la escritura son la herramientas que tenemos para completar, afirmar, re- pensar, estructurar y organizar la idea que tenemos acerca de un tema u otro. Pues estos dones son aquello que nos enriquece espiritualmente que nutren y que estimulan nuestro pensamiento y nos permite generar mejores pilares para nuestros argumentos y nuestra capacidad de tomar decisiones. Sería de gran ayuda una mejor construcción social que los modelos educativos vean la comprensión de lectura y el proceso de interiorización que se produce al escribir, como una prioridad en la escuela. Es decir que se formen personas capaces de pensar por si mismas; entonces encontraríamos nuestro desarrollo social de la mano de muchos libros, nuestro pensamiento en funcionamiento, un lapiz y una hoja.
Gracias Paola por tu comentario. Me uno a tu idea de que la lectura y la escritura son herramientas para repensarnos. Importante que revises el uso de los plurales/singulares y la coma.
Aunque sé que es necesario reafirmar y concretar la importancia de la lectura y la escritura en el sistema educativo formal, considero que somos suficientemente capaces de encaminarnos hacia acciones claves para la transformación de la sociedad presente, y futura.
Lo que fue de mi agrado es la perspectiva del autor con relación al concepto de leer y escribir como un paso clave para descubrir nuestra humanidad y la de otros.
Gracias Laura. Efectivamente he procurado darle a la lectura y la escritura un matiz cercano a la configuración ética y estética de nosotros mismos.
Si se lee y no se generan preguntas o dudas es por que el lector lee por leer y no para comprender.
La forma en la cual algunos maestros enseñan a sus alumnos a tratar un texto simplemente es de sacar lo objetivo de este, toda aquello que este alli implicito; ahí el problema que déspues de 11 años de estudiar no se sepa leer más allá de las lineas o simplemente no lograr comprender o interpretar.
Adriana, de acuerdo contigo. Las concepciones tan normativas de la lectura y la escritura nos han impedido ser verdaderos lectores y escritores.
La educación infortunadamente ha tomado el rumbo equivocado respecto al sentido e importancia de la lectura y escritura puesto que para este ente, dichas herramientas no son el medio para mejorar nuestras habilidades de pensamiento, nuestra interpretación de las cosas. Claramente son muy pocas las personas que leen y escriben de forma correcta, y con ello me refiero a pensar por sí mismo, a interrogarse, criticar y proponer. Solo aquel que pone en cuestionamiento ciertos acontecimientos de la humanidad puede entender la vida misma. Lo anterior se consigue no desde el afuera sino desde el adentro, desde cada uno de nosotros, leyendo y escribiendo; el primero para pensar y reflexionar sobre un texto ya plasmado y el segundo para proyectar reflexiones propias y crear un nuevo texto, es así que nuestro pensamiento se activará. Finalmente la intención no es ocultar estos dos bellos elementos sino sacarlos a flote.
Julieth, buena reflexión y la comparto plenamente. El párrafo es interesante.
Me pareció muy interesante sobre todo el ítem numero 2
Gracias por tu breve comentario Juliana.
Gracias… Artículos como este deben ser implementados en el pensamiento de cada persona, en cuanto a que refleja la realidad de cuando se lee y se escribe, es decir, nos han enseñado que se aprende a leer cuando se repiten un montón de letras que se juntan y forman una oración, pero… preguntemosle a un niño que dice en esa oración y la mayoría no nos va a responder sino que repetirá lo mismo simplemente porque no COMPRENDE, ya que,no lo transforma a manera personal porque esto no se ha enseñado, lo mismo pasa con la escritura se aprende a escribir cuando se plasman letras juntas que vemos o que la profesora nos dicta para formar una oración, y… ¿Qué pasa con el pensamiento?, pues no se puede pensar por si solo, se limita a seguir reglas de la educación en no avanzar, porque si cada una llegara a pensar por si solo las grandes personas con dinero que nos someten estarían en riesgo de extinción, ya que se descubriría la realidad de la existencia propia..
Soranny, gracias por el comentario, el cual encuentro pertinente y muy interesante. Pensar, leer, escribir, he ahí una clave sustantiva para la formación de hoy.
Pienso que la lectura es una de las actividades mas importantes y útiles que tiene el ser humano para ser liberales, realmente es donde surgen pensamientos acerca del contexto y de la vida en esencia, leer es una experiencia intima que alimenta el alma y la nutre, Es la liberación de la mente que vive en constante opresión. Es fundamental en el desarrollo intelectual y critico para la formación de seres creativos, contemplativos y objetivos.
Gracias Cristian. Me uno a tu idea de formar el pensamiento crítico y la creatividad y qué mejor opción que la lectura y la escritura.
Parte del subdesarrollo de muchas partes del mundo se debe a la falta de leer y escribir, la educación institucional y del hogar no enseñan a que esta actividad es una gran herencia para conocerse a si mismo y al mundo. Es evolucionar, es conocer lo pensado y lo no pensado. La lectura y la escritura es trascender a otros mundos imaginarios, épicos, revolucionarios, fantásticos. El conocimiento es la única riqueza que nos llevamos a través de los mundos sensoriales y espirituales. La lectura y escritura abren nuestra mente para ver más allá de lo que esta en frente de nuestros ojos y nos forja un pensamiento critico para salir de la ignorancia y mediocridad.
Paola, buena reflexión. El tono del párrafo es interesante.