Como parte del Seminario Lectura y producción de textos que imparto en la Universidad, he solicitado a mis estudiantes elaborar una reseña crítica. Para ello, les he suministrado un material acorde con la tarea propuesta, partiendo de dos entradas de este mismo blog: “Para escribir una reseña” y “Reseña crítica del texto Enseñar la complejidad del oficio de maestro”. Pero como el ejemplo enseña más, presento la siguiente reseña crítica de un libro reciente, lúcido y necesario de leer por todo colombiano interesado en la suerte de nuestro “país”.
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¿Por qué fracasa Colombia? Delirios de una nación que se desconoce a sí misma, es una obra escrita por Enrique Serrano y publicada a lo largo de 273 páginas en Bogotá por Editorial Planeta en 2016. A la fecha cuenta con tres ediciones. Su autor, nacido en Barrancabermeja en 1960, ganó en 1996 el Premio de cuento Juan Rulfo y ha publicado dos cuentos: La marca de España, en 1997, calificado con elogios por Gabriel García Márquez, y De parte de Dios, de 2000; en novela: Tamerlán, 2003, Donde no te conozcan, 2007, El hombre de diamante, 2008 y La diosa Mortal, 2014. Serrano se ha desempeñado como investigador y docente de diversas universidades de la ciudad de Bogotá.
¿Por qué fracasa Colombia? Delirios de una nación que se desconoce a sí misma, es un ensayo dividido en 47 entradas breves, con un Prólogo de Álvaro Pablo Ortíz, una Introducción y una Conclusión. Llama la atención de manera particular su estilo ameno, categórico, provocador y ajeno a los protocolos historicistas de la academia. Aunque apenas emergen algunas citas que se involucran directamente en los ensayos, aunque no se hace explícita e intencionadamente un cuerpo citatorio ortodoxo, lo cierto es que en el dominio del asunto el arsenal documental es lúcido y severo. Este libro de ensayos alrededor de un solo tema creativamente argumenta y narra, enjuicia y discurre entre personajes, lugares y acontecimientos con gran fuerza histórico-literaria.
Su hilo temático es la historia de Colombia, bajo la pregunta que titula precisamente la obra. La tesis que arroja al lector, es tanto problemática como inusitada: “Es cierto que tenemos la idea de que hemos sufrido mucho, y tal vez en este análisis dicha idea quede un poco matizada, pues quizá comparados con muchas otras sociedades no hayamos sufrido tanto. También se presume de que esta es una nación plagada por la violencia más artera, desde sus inicios hasta el día presente. Sin embargo, aquí postulo que ha sido más pacífica que violenta, al menos durante la mayor parte de su lenta formación” (pp- 25-26). Esta afirmación se desarrolla, a manera de cascada, por los 47 ensayos cortos que retoman algún aspecto de la tesis para defender la postura dada.
Tal hilo argumentativo insiste en unas ideas ejes: Colombia se forja no tanto en la época de la Conquista como de la Colonia –siglos XVI a XVIII-; la nación es una especie de trasplante de la vida del sur de España –idiosincrasia andalusí-a las indias; la “limpieza de sangre” es el aspecto fundacional de nuestra nación -árabes y judíos del sur de España que se convierten al cristianismo y migran a los nuevos territorios bajo la idea de vivir ya en paz-; el cambio de apellidos “profanos” por cristianos fue una manera de limpiar los “oscuros orígenes” árabes y judíos (por ejemplo apellidos como Rodríguez, Martínez y Gómez fueron a los que más se acudió en esta asepsia cultural); el dominio aplastante de la iglesia católica en todo el proceso de la colombianidad; el mestizaje racial más que cultural entre colonos e indígenas a la manera de asimilación de la naciente hispanidad americana; los siglos XVI a XVIII confirman un “tono de vida” dado por una existencia tranquila en lugares apartados de los centros políticos y administrativos de la Corona por familias numerosas y conservadoras que gobernaron sobre amplios territorios (vida y mentalidad provincianas); el lenguaje en tanto impostación social, expresión protocolaria de la doble moral (hablar un perfecto castellano para cubrir los “orígenes oscuros”); el fracaso de la Independencia nacional debido a que nunca hubo efectivamente un proyecto nacional (hasta hoy) y la idea certera de que nuestra ética es una disfraz entre lo que somos íntimamente y lo que mostramos públicamente a los demás.
Finalizando esta reseña, me aparto de la tesis central que expone Serrano en este libro bajo el entendido de que no fuimos tan pacíficos dado que la violencia no sólo se expresa de manera armada, explícita o sonora, en ríos de sangre y cadáveres insepultos, sino que existe una violencia más demoledora que aquélla que ha gobernado a Colombia. Una violencia susurrada por la imposición de una religiosidad culposa, de castas conservadoras y liberales que históricamente han despojado a las mayorías de derechos y oportunidades, de latifundismos arrasantes y excluyentes, de voces sutilmente silenciadas. Esta violencia soterrada, más que el pacifismo, efectivamente ha gobernado a eso que vagamente denominamos Colombia desde el siglo XVI hasta hoy. Pero más allá de compartir o no la tesis del autor, este es un libro que debería ser leído, comentado y discutido en todos los ámbitos nacionales, especialmente en los de la política y la educación, entre otras razones, porque en esencia desconocemos lo que somos y por qué somos como somos.
Maestro, gracias por el ejemplo. Me da luces para escribir mi reseña.
Me alegro Sonia.
Gracias Sonia y lo mejor.